Fundador de Buena Vista Internacional, filial de Disney, y productor de vino en la Denominación de Origen Ribeiro

“En el trato personal, destaco a Sharon Stone, que habla perfectamente español, y a Quentin Tarantino”

El ejecutivo coruñés Javier Vasallo Tomé ha sido durante 20 años el gestor de Disney en España. En 1992, después de trabajar en multinacionales como Gillette, Johnson Wax y Estée Lauder, fundó la filial española de Disney, Buena Vista Internacional, con la que estrenó 395 películas. Tras su jubilación publicó un libro de sus vivencias con estrellas de Hollywood como Sharon Stone, Tim Burton, Quentin Tarantino, Demi Moore, Tom Hanks, John Travolta o Antonio Banderas.”Sin claquetas. 40 historias de cine” tiene prólogo de Luis Piedrahita. En 2010 puso en marcha un proyecto vinícola radicado en el municipio de Leiro, en plena denominación de origen Ribeiro, y muy cerca del que ha creado el director de cine José Luis Cuerda. “Fue uno de los que me animó más a emprender este proyecto. José Luis me dijo, venga, hay que tirarse a la piscina, que yo me he metido y tú tienes que hacerlo también”. Actualmente tiene en producción 2 hectáreas de viñedo en cinco fincas. Su marca de vino de gama alta, JV Javier Vasallo, está presente en los principales restaurantes de Madrid y de Galicia.

Texto: Javier de Francisco ©

Usted es uno de los fundadores de Buena Vista Internacional, filial de Disney, con la que se responsabilizó de casi 400 estrenos cinematográficos en España durante 20 años. ¿Después de una actividad profesional tan exigente, consigue adaptarse a su vida más relajada como empresario y productor de vino en la Denominación de Origen Ribeiro?

Uno tiene que adaptarse a lo que le toca en cada momento de la vida. Después de casi 20 años como vicepresidente de Walt Disney, director general de Buena Vista Internacional para España y Portugal, pensé que había llegado el momento de afrontar la siguiente etapa. Digamos que es una prejubilación, por llamarlo de alguna forma, con actividad a modo de hobby ilustrado, que es lo que tengo ahora. Eso es lo que hago para disfrutar más de la vida, de la familia y de mi vino y viñedos del Ribeiro.

¿Cómo fueron los inicios de Buena Vista Internacional? ¿Cómo surgió el proyecto y cuáles fueron las mayores dificultades para llevarlo a cabo?

A mí me ficha Disney a través de un headhunter (cazatalentos). Era un headhunter que ya conocía de otras ocasiones. Me llamó para preguntarme si tenía interés en el proyecto de Disney. Le dije por supuesto que sí, pero que no tenía experiencia en el mundo del cine. Me respondió que eso no importaba, que querían una persona con experiencia en marketing y que si me interesaba ser candidato. Le dije que sí y a partir de ahí tuve la suerte de que me ficharon a mí y empezamos con todo el proceso de fundación de Buena Vista Internacional. Primero alquilé un despacho de oficinas en Madrid, en la calle Orense, y comenzamos a trabajar con abogados y con notarios, y a formar el equipo y poner en marcha la compañía. A mí me ficharon en febrero de 1992 y empezamos a operar a finales de año. Las mayores dificultades fueron las propias de una empresa y de un equipo nuevos, que teníamos que adaptarnos al sector, siempre con la idea de innovar en acciones comerciales. Aunque yo no procedía del cine, obviamente la gente de ventas y los comerciales que fiché sí que conocían el sector, con lo cual era aunar la experiencia mía de marketing, para aportar cosas desde fuera de la industria, con la de la gente de ventas, que estaba dentro. Así que el proceso consistió en adaptar esas dos ideas para hacer una compañía diferente e innovadora.

Pero usted ya tenía una experiencia previa en expandir multinacionales en España...

Sí, sí, tenía muchísima experiencia en multinacionales americanas. Empecé mi carrera profesional en compañías de publicidad, porque yo estudié Publicidad y Económicas en Madrid, y después tuve una beca en Estados Unidos, en la Universidad de Indiana, para hacer allí un Máster, y cuando regresé empecé en compañías de publicidad. La más importante era Foote Cone & Belding, una multinacional importante; de ahí pasé a Gillette y estuve también en compañías como Johnson Wax, y Estée Lauder, por mencionar algunas. Es decir, tenía mucha experiencia previa en compañías multinacionales

¿Cuáles se han consagrado como los mayores éxitos de taquilla en las dos décadas en las que usted lideró la distribuidora? En los tiempos actuales, ¿lograr cifras de espectadores e ingresos de ese calibre es pura utopía?

Son muchísimos. Por mencionar los que más resaltan, en animación fue por supuesto el Rey León uno de los grandes éxitos. De las cifras de espectadores ya casi me olvido, pero creo recordar que estuvo sobre los 15 ó 16 millones, que es una barbaridad. También destacó toda la saga de Toy Story, las películas de Pixar que distribuía Disney; luego Pixar pasó a formar parte de Disney al ser adquirida. También destacaría Aladin y Pocahontas, en animación. Y ya digamos que en vida real, El sexto sentido fue uno de los grandes éxitos, que permaneció como récord de taquilla durante varios años. También está la saga de Piratas del Caribe. Sería imposible mencionar aquí todos los grandes éxitos. Pero sí que me gustaría destacar en cine español películas como El otro lado de la Cama, Los 2 lados de la cama, que era la secuencia, Días de Fútbol, Planta Cuarta -con Antonio Mercero-, las películas de Chiquito de la Calzada como Conde Mor, Carmen (de Vicente Aranda), es que son muchísimas... Y como cine gallego, del que me gusta presumir siempre, El bosque animado fue una de las películas más interesantes. Y otra algo más pequeña, pero también muy gallega, fue Los muertos van deprisa, de la que hicimos el estreno mundial en Ribadeo.

Más allá de la distribución, ¿en la gestión le tocó realizar alguna operación corporativa, como adquisiciones de productoras locales?

No, nosotros durante el tiempo mío no vivimos ninguna operación de ese tipo. Nos ceñimos a lo que tenía Disney, que era básicamente distribuir las películas de Walt Disney para España y después hacer incursiones en producciones locales. Pero eran básicamente operaciones de distribución. Lo que sí que era una distribución muy completa, porque sin llegar a participar como tal en la producción, era como si lo hiciésemos. Por ejemplo, en el caso de Camarón, que constituyó otro de nuestros grandes éxitos, recuerdo que uno de nuestros socios fue Antón Reixa, con Filmanova. Pero no entramos en la producción como tal, nuestra misión era básicamente la distribución.

En los tiempos actuales, ¿lograr cifras de espectadores e ingresos del calibre de los de comienzos de siglo y milenio es pura utopía?

En la época en la que estuve yo, que fue de 1992 a 2010, el pico de espectadores se dio alrededor del año 2000 y llegaba a los 140 millones al año. Hoy en día estamos por debajo de los 100 millones, así que son cifras muy diferentes. Hay que tener en cuenta que en aquella época junto con el cine estaba el vídeo y la televisión, pero hoy en día hay otros nuevos canales, como son todas las plataformas, con Netflix y demás. Las cifras de recaudación en cine pueden haber bajado, pero al final la cifra global de espectadores que tiene la productora tampoco ha variado tanto. Es decir, las cifras en cine como tal bajan pero siguen siendo muy importantes con el aporte de la televisión y de las plataformas.

¿Le resultó sencillo competir con la industria del cine español, con las producciones nacionales, que tardaron tiempo en subirse a los ránkings de las carteleras del país?

En mi época el cine español representaba entre un 10 y un 15% de la recaudación total, aunque lógicamente variaba de un año para otro en función de las películas. Por supuesto sí que colaboramos con la industria del cine español, con todas las películas que he mencionado antes. De hecho, El otro lado de la cama fue un récord de taquilla durante muchísimo tiempo.

En su libro “Sin claquetas. 40 historias de cine” recoge muchas anécdotas sobre rodajes y producciones, y sobre sus experiencias en la distribución. De todas esas vivencias, ¿cuáles son para usted imprescindibles e inolvidables?

El libro abre con un prólogo de Luis Piedrahita, mi paisano coruñés y gran amigo. Ha hecho un prólogo realmente simpático, como todo lo suyo. Una de las primeras anécdotas que contamos es cuando yo conozco a Sharon Stone en el Festival de Cine de Cannes del año 1993. Me la presentó, por cierto, Harvey Weinstein, que ahora está muy controvertido por toda la actualidad. La sorpresa fue que cuando estrechó mi mano me dijo, Javier, encantada de conocerte, en un español perfecto. Esa es una de las anécdotas que guardo con mejor recuerdo. Habla perfectamente español. Había estado de rodaje en España y es una mujer con un talento extraordinario. Tengo ese recuerdo y cada vez que me miro la mano pienso que la chocó Sharon Stone. A parte están los grandes estrenos en Los Ángeles. He estado participando en muchos estrenos en Los Ángeles, y también en Cannes y en los festivales de cine españoles, como San Sebastián, Málaga y Valladolid. Así que son muchísimas películas y muchísimos recuerdos.

Además de Sharon Stone, ¿qué otros actores y actrices le han sorprendido más en el trato personal?

En el trato personal, a parte de Sharon Stone como decía, me marcó mucho Tarantino. Lo conocí justo después de haber conseguido la Palma de Oro con Pulp Fiction en Cannes. Vino a presentar la película a San Sebastián y estuvimos comiendo. Me lo presentó el amigo Antonio Lloréns, ya fallecido, que era el presidente de Lauren Films. Estábamos comiendo en Casa Nicolasa, en San Sebastián. Es un hombre muy alto, con un físico bastante impresionante, y lo primero que le dije fue, oye, si no te importa te voy a llamar Quintín, porque a mí lo de Quentin no me suena tan bien. Y me dijo, no hay ningún problema, puedes llamarme como quieras. Después distribuimos varias películas suyas, como Kill Bill. Tarantino es un hombre que te impacta. Nicolas Cage es otro personaje muy interesante, con quien tuve la ocasión de fumarme un buen puro cuando se podía fumar en los restaurantes; nos lo fumamos en el restaurante del Teatro Real de Madrid. Johnny Deep, que lo conocí también en Cannes, Demi Moore, que estuvo un par de días con nosotros en Madrid para el estreno de la película G.I. Jane, en la que hacía de militar. Ben Affleck es también un personaje muy interesante. John Travolta también es un personaje a tener en cuenta. Así por mencionar a unos cuantos, porque hay muchísimos más.

¿Y directores?

Jon Turteltaub fue uno que me marcó bastante. De hecho tengo una anécdota con él, cuando vino a España con la película National Treasure, en la que trabajaba Nicolas Cage. El caso es que me dijo, Javier, si consigues este objetivo de taquilla te invito a jugar al golf. Efectivamente conseguimos el objetivo, y cuando tuve oportunidad de ir a Los Ángeles para una reunión, allí me estaba esperando, y nos pusimos a jugar al golf los dos.

¿Sigue habiendo algunos personajes de Hollywood dentro de su círculo de amistades?

La verdad es que no. Uno con el que tuve bastante relación fue el productor Jerry Bruckheimer, que vino varias veces a España y tuvimos relación, pero todo eso se pierde un poco. Hay que tener en cuenta que esta gente viene aquí, hace su trabajo, tienes una relación muy puntual con ellos y poco más. También tenía mucha relación con John Lasseter, de Disney, que ahora también está fuera, pero esas relaciones se pierden un poco. Yo tampoco he hecho nada por mantenerlas y actualmente estoy un tanto desligado del mundo del cine.

Ourense lleva años organizando un Festival de Cine que lucha por no desaparecer. Es una de las pocas citas del noroeste peninsular. ¿Le sorprende que la organización y la ciudad no le hayan invitado o rendido homenaje, teniendo en cuenta su origen gallego y su vinculación al máximo nivel con la industria del cine?

No he estado nunca en el Festival de Cine de Ourense, pero sí que lo conozco y he oído hablar de él. La verdad es que no me sorprende que no me hayan invitado nunca. Yo tampoco me siento tan importante como para eso; solo he sido un distribuidor. Un distribuidor importante, pero ni actor ni productor. Es decir, no he tenido un protagonismo grande como para que el Festival del Cine de Ourense pensara en mí. No me ha sorprendido eso en absoluto.

Si yo tuviese responsabilidad en la dirección de algún festival de cine en Galicia, le llamaría sin dudarlo para que aportase su visión del sector...

Bueno sí, siempre puedes participar en alguna charla y aportar alguna experiencia. Pero insisto en que no me ha sorprendido que no me llamaran nunca. Si a mí me llama el Festival de Ourense, como si me llama el Festival de Betanzos, que está mucho más cercano a mí, por supuesto que iría encantado a dar una charla o a lo que fuese. Todo lo que sea apoyar, y más en el mundo de nuestro cine gallego, lo haría encantado.

Junto a Luis Piedrahita en el Festival de cine de San Sebastián

 

En el país han cambiado los Gobiernos, pero no ha habido grandes soluciones para la cultura, y dentro de ella, para el cine. ¿Qué le recomendaría usted a los gobernantes para hacer justicia de verdad con el audiovisual español?

En mi época de Disney he conocido como a siete u ocho directores del ICAA, el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales. Es muy complicado poder hacer algo porque tienes unas asignación económica para subvencionar el cine y hay una serie de normas... Es muy difícil, muy difícil. Porque al final quien decide si va al cine o no es el espectador. ¿Y entoncés qué haces? Pues subvencionar las películas que sabes que van a tener éxito, es decir, las de los grandes directores españoles, o subvencionar cine de autor, pero sabes que ese cine de autor tiene muchas limitaciones de taquilla. Yo creo que hacen lo que van pudiendo, y siempre con otra limitación adicional, que es el tema político. Es decir, está todo un poco en función del partido político que esté en el poder, con lo cual es muy difícil. Yo no soy capaz de dar sugerencias en ese sentido.

Tras la batalla en un sector en el que no hay treguas ni concesiones, para el momento especial del “descanso del guerrero” ha elegido O Ribeiro, en donde tiene en marcha un proyecto de viticultura de autor. En 2017 comercializó unas 4.000 botellas de su elogiado vino “JV Javier Vasallo”. ¿Cuánta producción sacará al mercado en 2019?

Lo más anecdótico de esto es que también aquí hay relación con el cine. Decidí marcharme, porque fue voluntad mía dejar Disney, al llegar un momento en el que pensé que quería tener un poco de libertad. Tenía ya una edad, estaba en los 60 años, y le propuse a mis jefes buscar una fórmula para poder dejar la compañía y encontrar un reemplazo más joven. Eso me llevó casi tres años, porque no estaban muy por la labor; estaban contentos con mi gestión. Pero al final llegamos a un acuerdo y ahí es cuando surge un tema que resulta anecdótico, pero que es muy importante. En Leiro hay un cine que es de mi amigo Ernesto Romero. Es un cine antiguo, tipo Cinema Paradiso, de suelos de madera, pocas butacas y una verdadera joyita. Este hombre, que era cliente nuestro ya que alguna vez tenía alguna película de Disney, un día me dijo, a ver Javier, tú que eres gallego, yo tengo una finca estupenda, ya estoy mayor, me encuentro cansado, ¿por qué no me la compras? Y le respondí, pues mira, ahora que estoy con la jubilación, podría ser un hobby interesante. Entonces fui con mi mujer a ver la finca. El lugar es una preciosidad, se llama A Fervenza, y como su nombre indica tiene una pequeña cascada y un molino antiguo, de unos 200 años. Es una finca muy del Ribeiro, con nueve socalcos (terrazas) y con una calidad estupenda, en donde hubo viñedos durante muchísimos años. En total que me animé, le compré la finca, replanté todo porque tenía uva de palomino, xerez y garnacha, y yo quería hacer un proyecto parecido al de Cuerda, que replantó uva autóctona, como treixadura, godello y albariño. Y fue lo que hicimos. Empezamos en el año 2010 y a partir de ahí ya compré otras fincas más; actualmente tengo cerca de dos hectáreas en cinco fincas y la verdad es que estamos muy contentos con el proyecto. Pero la anécdota empezó ahí, por el mundo del cine. Hubo una conexión entre cine y vino que resultó determinante.

Con Elsa Pataky

¿El plan de negocio aún contempla más crecimientos o ya ha alcanzado los niveles óptimos de producción?

Como he dicho, nosotros replantamos todo. Las fincas que tengo son antiguos viñedos, muchos de ellos centenarios. Algunos tenían todavía cepas y otros las habían perdido e incluso tuvimos que recuperar los derechos de plantación. Empezamos a plantar en 2011 y la primera cosecha que tuvimos fue en 2014, con un volumen muy pequeño, de solo unos 500 kilos, que usamos en plan experimental para ir conociendo cómo se podía desarrollar el proyecto. Esa cosecha no se comercializó; la utilizamos para experimentar y para consumo de los amigos y de la familia. Y ya en 2015 tuvimos la primera producción. Sacamos al mercado cerca de 3.000 botellas. Empezamos a distribuir exclusivamente en la ciudad de A Coruña y en Madrid, y agotamos la cosecha en la primavera de 2016. Ese mismo año, en 2016, tuvimos la segunda cosecha, con la que hicimos 4.300 botellas. Continuamos con la misma línea de distribuir únicamente en A Coruña capital y en Madrid, solo en restaurantes de alto nivel, porque es un vino de gama alta. Nuestro vino tiene barrica. Fermentamos en barrica el 50% de nuestra producción y el otro 50% va en depósitos de acero inoxidable. Y después de ocho meses, tanto en depósito como en barrica, siempre sobre sus lías, hacemos una mezcla, un coupage. Después dejamos el vino casi un año en botella y posteriormente lo sacamos al mercado. Es decir, actualmente la cosecha que está en el mercado es la de 2016 y en el próximo verano (2019) saldrá la cosecha de 2017. Será una producción un poco menor, porque 2017 fue el año de las heladas y perdimos un porcentaje alto, por lo que solo sacaremos 3.000 botellas. El 2018 afortunadamente ha sido un buen año y superaremos de nuevo las 4.000 botellas. Yo estaré siempre en esos volúmenes; en principio no quiero ampliar mucho más. Ahora empezamos a distribuir algo en Pontevedra y en Ourense, en un par de restaurantes de máximo nivel, como es el Pingallo.

Es un modelo de negocio peculiar, que incluye el alquiler de espacio en una bodega...

En el modelo de negocio que tengo yo, lo más importante para mí es la tierra y las vides, que son propiedad mía, de mi empresa. Después cuento con un equipo de gente local, que son quienes me cuidan las fincas. En Leiro está con nosotros Julia Mar, nacida allí y que lleva un montón de fincas, con un equipo de trabajo de once personas. Ellos son quienes se encargan del mantenimiento de las fincas. Después elaboramos el vino en una bodega. Pago una cantidad como alquiler por tener en ella mis depósitos y mis barricas. Allí es donde elaboro los vinos, con un enólogo de alto nivel, que es Alfonso Losada, que fue durante mucho tiempo el enólogo jefe de la Estación de Viticultura y Enología de Galicia. Es una persona de un nivel altísimo y con una experiencia extraordinaria.

Entonces, ¿su proyecto no contempla crecer ni en extensión ni en producción?

No, no. Yo estoy ahí, quiero seguir haciendo un vino de la máxima calidad. Obviamente las vides cada año van a dar mejor cantidad y calidad, y en principio no quiero ampliar mucho más. Estamos hablando de distribuir en grandes restaurantes de Madrid y en Galicia. En el futuro ya veremos lo que hago. Cuento con distribuidores en Madrid y en Galicia. Pero no tengo previsto ampliar mucho más, porque siempre he afrontado esto como un hobby ilustrado. Tampoco quiero que me empiece a preocupar. Está bien que me ocupe y que me divierta, que ya tiene mucho trabajo en sí, porque no tengo empleados, solo colaboradores, así que no quiero ampliar mucho más. El vino está teniendo un gran éxito, que es lo que importa, a la gente le gusta mucho y ahí nos queremos mantener. Estamos en unos 25 restaurantes de A Coruña, como El Refugio, Comarea, A Mundiña, El Secreto, Licar, Lois, Cancelo... y en unos 30 de Madrid, entre ellos uno que está muy de moda actualmente, Amazónico, y también en los Urrechu, y por supuesto en todos los gallegos, como Café Varela, Burela, Casa da Troya, Landó. Y ahora estamos aumentando presencia en Pontevedra y en Ourense.

Hace algún tiempo, me contó que en su decisión de iniciarse como productor de vino de autor en O Ribeiro había influido su amigo cineasta José Luis Cuerda, propietario de Bodega Sanclodio también en O Ribeiro. ¿Cómo le convenció?

Nos conocíamos obviamente del mundo del cine y cuando le hablé un poco de mi proyecto fue uno de los que me dijo, venga, hay que tirarse a la piscina, que yo me he metido y tú tienes que hacerlo también. Claro que son dos dimensiones diferentes, porque José Luis tiene una especie de chateau en el Ribeiro. Es una casa preciosa y tiene unas 10 hectáreas de un viñedo estupendo, todo dentro de la finca. Lo mío es una dimensión más pequeña. Y sí, José Luis fue uno de los que me animó mucho a hacer este vino. Había una diferencia importante; él quería hacer un vino como los del Ribeiro. Me hablaba mucho de Javier Alén, de Viña Mein. Y es lo que ha hecho; tiene un vino estupendo, Sanclodio, que está fenomenal y tiene una relación calidad-precio magnífica. Yo quería hacer un vino un poco diferente. La aportación nuestra es hacer un vino con barrica, con otro nivel y en una gama un poco más alta. Pero sí, en efecto, José Luis fue uno de los que me animó, desde luego.

¿Él continúa muy volcado con su bodega?

Yo creo que en este momento lo está un poco menos. Tiene a las dos hijas en el proyecto, que son las que llevan más el negocio, y ahora está con la ilusión de su vida, que es su nueva película. No es que Tiempo después sea una secuela de Amanece que no es poco, pero está en esa línea de comedia coral. Es una película que transcurre en el año 9177 y con una gama de actores estupenda, así que será un éxito fantástico. A José Luis le gusta el mundo del vino, va por Leiro con frecuencia, pero le gusta más el mundo del cine.

Usted forma parte de una familia -originaria de Teixeiro (A Coruña)- en la que nunca han faltado el talento ni la inspiración y la creatividad, como en su caso y en el de su hermano Carlos Vasallo, presidente de América CV Network y propietario de la mayor filmoteca de cine mexicano (más de 6.000 películas).

Venimos de una familia numerosa. Mi padre era periodista; fue redactor jefe de La Voz de Galicia. Empezó en 1939 justo después de la Guerra Civil y en esa etapa conoció a mi madre. Se casaron en 1940 en A Coruña, y tuvieron ocho hijos. Mi padre después perteneció a lo que era Prensa del Movimiento, y estuvo en muchos periódicos en España. De A Coruña pasó al diario Levante, de Valencia, después a la Solidaridad Nacional, de Barcelona, al Odiel, de Huelva, a Libertad, de Valladolid... Estuvo en varios periódicos y acabó siendo el director general de Prensa del Movimiento. Nosotros, como consecuencia de su trabajo, vivimos en muchas ciudades. Yo nací en Valencia, después vivimos en Barcelona, Valladolid, A Coruña y Madrid, pero siempre con la referencia de aquellos largos veranos que pasábamos siempre en Galicia. Es decir, la referencia que tienes sobre todo cuando viajas, que es el origen, en nuestro caso estaba en Galicia. La casa familiar nuestra se encuentra en Trasanquelos, muy cerca de Betanzos, y también teníamos casa en A Coruña. De todos los hermanos, el mayor fue un ejecutivo de IBM durante muchos años, ya se jubiló; el segundo, Ignacio, fue director de Turismo durante muchos años y fue un hombre muy importante en el mundo del Turismo, ya que estuvo en delegaciones como Nueva York, Milán, Londres, París, Estocolmo... Después voy yo, que soy el tercero, a continuación Carlos, a quien conoces muy bien, y después va Jorge, que es un financiero importante... Y así hasta ocho hermanos, para no hacerme muy largo en la respuesta...

¿Su familia materna es de Trasanquelos, en A Coruña?

En la familia de mi madre eran cinco hermanos, dos varones y tres mujeres -ella era la mayor-, que eran originarios de Teixeiro, pero había unos antecedentes y unas propiedades de mis bisabuelos en Trasanquelos, que está a unos 20 kilómetros de Teixeiro. Ellos primero fueron a A Coruña; mi abuela era maestra y después fueron vendiendo las propiedades de Teixeiro y pasaron a Trasanquelos. Esto fue en los años 50. Y a partir de ahí en Trasanquelos se fue formando la cuna y la casa familiar no solo de mi madre, sino también de sus hermanos.

Más allá de la viticultura, ¿usted también mantiene muchos vínculos con Galicia?

Mantengo todos los vínculos, claro. Tengo casa personal en A Coruña, a parte de la casa familiar en Trasanquelos, voy a Coruña prácticamente todos los meses, y viajo también al Ribeiro todos los meses para ver cómo van las vides y los vinos. Y después en el verano me paso dos meses en A Coruña.

¿Le ha quedado algún proyecto personal o profesional por realizar?

Yo estoy muy satisfecho con mi vida actual. Ahora tengo libertad para hacer lo que quiero, voy mucho al Ribeiro... Cada vez le tengo un mayor cariño a las fincas; cuando has cogido unas fincas, las has replantado y has realizado no solo una inversión económica, sino una inversión emocional de volver a tu tierra y a tus orígenes, y ver esas vides que cada vez que voy por allí están más grandes... eso es una satisfacción muy difícil de explicar. Para mí los viñedos son parte de mi familia. Mucha gente habla de las mascotas como parte de su familia; pues para mí las vides son parte ya de mi familia. Entonces entre las vides, mi familia como tal, sobre todo mi mujer, que está siempre conmigo, porque yo tengo a mis hijas fuera, las dos están en Estados Unidos, el golf, que me gusta mucho, y deportes que practico a diario, como ir al gimnasio, pues estoy encantado con la vida que tengo. No quiero nada más; yo ya he cumplido 70 años, y a partir de ahora seguir disfrutando de eso es lo importante. Plantearme más proyectos, pues yo creo que ya no, sinceramente. Con los que tengo, desarrollándolos, es más que suficiente.

Ya que mantenemos esta entrevista en plena época de Navidad, ¿cómo celebra estas fiestas la familia Vasallo Tomé? ¿Se reúnen todos los hermanos?

Cada vez es más difícil. Uno de los hermanos falleció hace dos años, mi hermano Alberto, a quien echamos mucho de menos. Era más pequeño que nosotros. Actualmente el único que está fuera es Carlos, que se encuentra en Miami, aunque también suele venir por Navidad. El año pasado vino y pasamos la Nochebuena en mi casa. Sí que nos reunimos; en Navidad nos juntamos los seis hermanos que estamos aquí, y Carlos a veces aparece; es imprevisible, no dice nada, y de repente aparece a la hora de comer. Nos seguimos reuniendo con las familias.