África
MIRIAM RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ - MADAGASCAR

Jefa de compras de World Food Programme (WFP)
“Madagascar es un país de contrastes impresionantes; es increíblemente rico, como productor mundial de vainilla, cacao y piedras preciosas, pero a la vez es el único donde el hambre no se debe a conflictos armados”
Texto: Javier de Francisco ©
En siete años de vinculación a la organización humanitaria World Food Programme (WFP, Programa Mundial de Alimentos), la ourensana Míriam Rodríguez Fernández ya ha ejercido su profesión vocacional en tres continentes, con inicio en la sede central de Roma y con continuidad en Venezuela, Panamá y, desde hace dos años, en Madagascar. Dentro de la mayor organización mundial dedicada a salvar vidas en situaciones de emergencia y a canalizar programas de comidas escolares en todo el mundo (entrega alimentos a más de 100 millones de personas cada año), siempre ha estado dedicada al área de Adquisiciones de WFP, una de las partes más sensibles e importantes de cada proyecto, ya que fomenta la relación entre los pequeños agricultores locales y los comedores escolares de la zona. Actualmente es jefa de compras de la organización humanitaria en Madagascar, con responsabilidades en la iniciativa Food Systems Resilience Project (FSRP), impulsado por el gobierno de Madagascar y financiado por el Banco Mundial.
En el ámbito formativo, es graduada en Relaciones Internacionales por la Universidad Complutense y MBA por la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. A través de las becas del ICEX trabajó durante un año como consultora de comercio internacional en la Oficina Económica y Comercial de la Embajada de España en Dubai. Antes de incorporarse a WFP, se volcó durante dos años en el área de administración de la empresa de su familia, Carrocerías Digal, con instalaciones en San Cibrao das Viñas (Ourense), que es además su localidad de origen.
- ¿Cuánto tiempo llevas en Madagascar trabajando para el Programa Mundial de Alimentos (World Food Programme) y qué función realizas dentro de la organización?
Llegué a Madagascar en octubre de 2023, por lo que he cumplido recientemente dos años en esta gran isla. Mi función es jefa de adquisiciones para la Oficina País de PMA (Programa Mundial de Alimentos) en Madagascar, y gestiono actualmente un equipo de siete personas.
- ¿En qué proyectos has participado hasta ahora y en cuál o cuáles estás centrada en la actualidad?
El mandato del PMA es alcanzar el objetivo de Hambre Cero, centrándose principalmente en cuatro áreas de trabajo: preparación y respuesta ante emergencias, nutrición, comedores escolares, resiliencia y fortalecimiento de capacidades gubernamentales. Como responsable de adquisiciones, lidero el proceso integral que abarca la identificación de proveedores, licitación, contratación y ejecución, tanto para actividades programáticas como para servicios de apoyo (Administración, TIC, Seguridad, entre otros).
Sin lugar a dudas, el proyecto más importante en el que estoy participando desde que he llegado a Madagascar es el Food Systems Resilience Project (FSRP), impulsado por el gobierno de Madagascar y financiado por el Banco Mundial. Este proyecto busca fortalecer los sistemas alimentarios locales mediante la creación de vínculos entre pequeños agricultores y los comedores escolares a través de la modalidad de compras locales (home grown school feeding). Mi equipo desempeña un papel fundamental en la gestión de adquisiciones de alimentos provenientes de estos pequeños productores para abastecer a los comedores escolares de Primaria, así como en la adquisición de materiales y productos que contribuyen al fortalecimiento de las capacidades productivas y la mejora de la calidad de los productos de estos productores.

Míriam con población local en un proyecto de agricultura
- ¿Durante tu vinculación a WFP (World Food Programme) siempre has estado en Madagascar o también has participado en proyectos en otros países?
Llevo casi siete años trabajando en el WFP, siempre en el área de adquisiciones, y he tenido la oportunidad de desarrollar mi labor en tres continentes distintos con esta agencia humanitaria. Comencé en la sede central de Roma, gestionando compras internacionales de productos nutricionales destinados a bebés, niños y mujeres embarazadas o lactantes, que se enviaban a las distintas operaciones del WFP alrededor del mundo. Posteriormente, apoyé durante más de medio año el inicio de las operaciones en Venezuela en 2021. Más adelante, a principios de 2023 me incorporé al equipo de Adquisiciones de la oficina regional de Panamá, donde pude apoyar y visitar varias de nuestras operaciones en Centroamérica. Finalmente, surgió la oportunidad de unirme al equipo de Madagascar, donde continúo desarrollando mi trabajo actualmente.
- ¿Cómo te surgió la oportunidad de incorporarte a esta organización mundial? ¿Su labor y objetivos son diferentes a los de la FAO?
Mi incorporación al WFP fue posible gracias a las becas ICEX. Este programa, muy completo, se estructura en tres etapas anuales: primero, la realización del máster (MBA); después, un año de prácticas remuneradas en la red de oficinas comerciales españolas en el extranjero; y, finalmente, una última fase de prácticas, que puede realizarse tanto en empresas españolas internacionalizadas como en organismos multilaterales como la ONU o el Banco Mundial. Tuve la fortuna de que mi currículum llegara al WFP y, tras superar una entrevista con el equipo de Adquisiciones en Roma, me ofrecieron la oportunidad de unirme a ellos, contando con el respaldo de ICEX.
En cuanto a los objetivos, aunque el WFP nació a partir de una iniciativa de la FAO y la ONU, cada organización tiene labores y objetivos diferentes. WFP se ocupa sobre todo de ofrecer ayuda alimentaria en contextos de emergencia y de garantizar que quienes más lo necesitan tengan acceso inmediato a alimentos. La FAO, en cambio, está más orientada al impulso del desarrollo agrícola, la gestión sostenible de los recursos naturales y la creación de políticas a largo plazo para acabar con el hambre. Por resumirlo de forma sencilla: el WFP está más volcado en la respuesta humanitaria y la FAO se centra en el desarrollo y las políticas agrícolas.

Míriam con el equipo de trabajo de WFP Madagascar
- Desde Galicia tenemos la visión de Madagascar como un destino turístico y casi paradisíaco. ¿Al vivir y trabajar ahí cambia la percepción?
Madagascar es un país de contrastes impresionantes. Por un lado, es increíblemente rico, siendo productor mundial de vainilla, cacao y piedras preciosas, y cuenta con lugares realmente paradisíacos, como las playas del norte en Nosy Be, Diego Suárez, o las costas de Anakao en el suroeste. La naturaleza aquí es espectacular, con los impresionantes Tsingys y muchas especies endémicas, como los baobabs y los lémures. Sin embargo, es también el quinto país más pobre del mundo, con más del 70% de la población viviendo bajo el umbral de la pobreza… y es el único país donde el hambre no se debe a conflictos armados. La pobreza extrema es algo que se percibe cada día en la capital, Antananarivo, pero también, a través de nuestro trabajo, somos testigos de la difícil situación que viven las comunidades en las zonas más remotas del país.

Foto de grupo durante una celebración
- ¿Qué te ha impactado o sorprendido más de la isla, tanto en lo referente a cultura y tradiciones como al paisaje, naturaleza, fauna...?
Respecto a tradiciones me ha impactado mucho un ritual funerario en el que las familias desentierran a sus difuntos cada varios años, los reenvuelven con telas nuevas, bailan y caminan con ellos a los hombros alrededor de la tumba al ritmo de música tradicional, beben y comen entre la comunidad y después vuelven a colocar los cuerpos en la tumba. El paisaje es simplemente espectacular: es una isla enorme en la que encuentras paisajes variados, desde colinas rojas, a bosques tropicales, pasando por sabanas, zonas desérticas, o playas paradisíacas. Como dije antes, en Madagascar encuentras especies de flora y fauna únicas que no se pueden ver en otras parte del mundo, como varios tipos de baobab, de camaleones, los lémures… Es realmente impresionante.

Disfrutando en el océano Índico
- ¿Conoces ya la mayoría de las ciudades y gran parte del país, o por su gran extensión es complicado?
Antes de llegar a Madagascar, pensaba que, al mudarme a una isla, podría escaparme a la costa cada fin de semana. ¡Pobre ilusa! La costa más cercana está a más de trece horas de carretera, aunque apenas hay 350 kilómetros de distancia. La infraestructura del país, especialmente en lo que respecta a las carreteras, es muy limitada y se encuentra en mal estado, así que la forma más rápida de desplazarse es en avión. Vivo en Antananarivo, lo que me permite aprovechar la facilidad de viajar en avión. Aun así, he conseguido hacer viajes por carretera a lugares cercanos a la capital, como Antsirabe, Ampefy o el parque nacional de Andasibe, donde los paisajes son realmente espectaculares. Madagascar destaca por la gran variedad de sus paisajes: desde las montañas altas de las tierras centrales, pasando por las zonas áridas del sur con los enormes baobabs del suroeste, hasta la frondosidad de las costas norte y este. Gracias a mi trabajo, he podido conocer el sur y el sureste, que están más aislados y cuentan con mucha menos infraestructura. Por ocio, he visitado las principales ciudades, especialmente las áreas costeras y de playa como Mahajenga, Nosy Be, Diego Suárez, Sainte Marie, Tolagnaro y Tulear. La verdad es que he tenido la suerte de poder viajar bastante a lo largo del país.

Míriam con compañeros del proyecto WFP Madagascar
- ¿Y has viajado a otras islas del Índico o a países cercanos?
Durante los dos últimos años, he dedicado la mayor parte de mis viajes a conocer en profundidad Madagascar y a regresar a Galicia para disfrutar de tiempo con mi familia y amigos. Sin embargo, este año se presentó una oportunidad muy especial: pude visitar Isla Mauricio gracias a una compañera de trabajo que nos invitó a la boda hindú de su hermano. La experiencia fue realmente preciosa y única. Tuvimos la ocasión de participar en la celebración vestidos con sarees y lehengas, lo que nos permitió integrarnos en la cultura y tradiciones locales.

Míriam con su trofeo en un torneo de padel
- ¿Cómo es ahí un día normal de trabajo para ti? ¿Tienes tiempo para ocio, deporte, aficiones...?
La verdad es que en Antananarivo se puede llevar una vida bastante normal y tranquila. Lo más pesado del día a día son los atascos: a veces tardo entre 30 y 40 minutos en recorrer los apenas 2,5 kilómetros que separan mi casa de la oficina. Sin embargo, siempre hay algún plan interesante para desconectar, como salir a comer o cenar fuera, porque la comida aquí está realmente buenísima. El pádel está muy de moda, ¡cada semana inauguran un nuevo terreno en alguna parte de la ciudad! Tenemos un grupo con el que solemos jugar entre semana después del trabajo; además, los fines de semana se organizan pequeños torneos amateurs en los que suele haber muy buen ambiente. También son muy populares los mercados de artesanía, sobre todo los productos de rafia. A los malgaches les encanta la fiesta, así que tampoco faltan conciertos locales o planes para salir a alguna discoteca.

Míriam en una boda hindú
- La agricultura es precisamente uno de los sectores con mayor contribución al PIB de Madagascar. ¿Está modernizada y hay compromiso con la sostenibilidad? ¿Qué cultivos y productos predominan?
En general, la agricultura en Madagascar es bastante precaria y de subsistencia, salvo algunas excepciones como la vainilla, el cacao o incluso el litchi, productos con una elevada demanda internacional. Además, el país cuenta con una producción importante de cacahuetes y anacardos. Me ha sorprendido descubrir la variedad de legumbres secas que cultivan y que jamás había probado antes, como el niébé, los pois de bambara o el haricot riz. Sin embargo, a pesar de que el arroz es la base de la alimentación malgache y se cultiva mayoritariamente aquí, la producción nacional es insuficiente y carece de modernización. Por desgracia, Madagascar se enfrenta a un grave problema de deforestación, motivado en parte por las dificultades de acceso a la electricidad, lo que obliga a la población a utilizar la madera como principal fuente de energía para cocinar, y también para habilitar terrenos para la agricultura y la ganadería. Aun así, tanto las autoridades nacionales como diversas agencias de desarrollo están haciendo grandes esfuerzos por introducir prácticas agrícolas más sostenibles.

Míriam en una de sus aficiones, el padel
- ¿Continuarás en Madagascar durante mucho tiempo? ¿Tienes pensado ya cuál te gustaría que fuera tu próximo destino?
- Pues, en principio, mi asignación aquí está prevista para una duración de entre cuatro y cinco años, lo que significa que, salvo cambios imprevistos, debería quedarme en Madagascar al menos dos o tres años más. Sin embargo, la realidad es que el panorama financiero del sector humanitario atraviesa momentos complicados y, aunque ahora mismo todo apunta a que seguiré, nunca se puede dar nada por sentado; mi situación podría variar antes de lo esperado según cómo evolucionen los recursos y las prioridades de la organización. A pesar de todo, intento mantener una actitud abierta respecto al futuro. Latinoamérica sigue siendo uno de esos destinos que siempre tengo presentes y que me ilusionan, pero, sinceramente, cualquier lugar nuevo donde no tenga expectativas formadas me atrae mucho. Creo que lo más enriquecedor es dejarse sorprender y estar dispuesto a adaptarse a lo que venga, ya sea siguiendo en África, cruzando el Atlántico o explorando un país totalmente diferente. Al final, lo importante es que el destino me ofrezca la posibilidad de crecer personal y profesionalmente, y de seguir aprendiendo de nuevas culturas y realidades.
- ¿Regresar a Galicia no es, por el momento, una de tus opciones?
Ahora mismo disfruto mucho de estar fuera y conocer nuevas culturas, idiomas, personas y formas de pensar. Me ayuda a ver el mundo de otra manera y a aprender cosas diferentes. Aún así, Galicia siempre será mi casa y el lugar donde están las personas a quienes más quiero. No descarto volver algún día, pero por ahora estoy contenta con esta etapa y lo que me aporta.
- ¿De qué zona de Galicia eres y en qué ciudades o localidades gallegas has vivido y estudiado?
Soy de Ourense, de una localidad próxima a la capital, San Cibrao das Viñas, reconocida por la presencia de empresas como Aceites Abril o Coren. Residí allí hasta trasladarme a Madrid para cursar estudios universitarios en la Complutense y luego en la Universidad Internacional Méndez Pelayo. Desde entonces, he alternado estancias en el extranjero con periodos en Ourense.

En una paradisíaca playa de Madagascar

























