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FRANCISCO NOGUEROL FREIJEDO - CASTILLA- LA MANCHA

Ex futbolista profesional, integrante de la mítica plantilla del Celta de Vigo con Karpin y Mostovoi, y auxiliar en el staff del primer equipo del Albacete desde 2024

“Eliminar al Celta en la Copa del Rey la temporada pasada fue muy especial para mí, con todo lo que vino después (Real Madrid y Barcelona) para el club”

Texto: Javier de Francisco ©

Fran Noguerol es pura leyenda del Albacete, el club en el que comenzó la magia de Andrés Iniesta, en el que revolucionó el fútbol la pizarra de Benito Floro, en el que los guantes de Kaylor Navas se hicieron pegajosos o en el que volaron alto Fernando Morientes, Iván Helguera y una larga lista de jugadores históricos y actuales, como los hoy célticos Javi Rueda y Aleix Febas. Entre todos ellos, Noguerol sigue uniendo pasado y presente cuando ya se han cumplido más de 20 años (el 1 de julio de 2006) desde su llegada al `Alba´ como central tras varias cesiones desde Vigo a Elche y Salamanca. El central ourensano, originario de San Cristovo de Cea, al pie de Oseira, disputó casi 200 partidos con su club actual y es uno de los grandes conocedores de la categoría de plata (laLiga Hypermotion), con 341 partidos disputados y ahora también con trayectoria en el banquillo. Pero su gran hito en el fútbol es otro todavía más impagable, y al alcance de un puñado de elegidos. Formó parte, tuvo dorsal -los dos únicos canteranos que lo lograron ese año fueron él y Pablo Coira-, entrenó toda la temporada y jugó en Primera y en Europa con el mítico Celta de la temporada 2000-2001, al lado de Mostovoi, Karpin, Catanha, Gustavo López, Cáceres, Đorović, Sergio... Sí, en el equipo celeste de la final de Copa del Rey frente al Zaragoza y de la Intertoto.

En el Albacete, Fran Noguerol colgó las botas en la temporada 2015-2016 y desde entonces ha ejercido labores de entrenador del filial, director técnico y por tercera temporada consecutiva como analista y tercer entrenador de la primera plantilla, dentro del staff del malagueño Alberto González. En la pasada edición de la Copa del Rey, su pasado céltico y su vinculación actual con el `Alba´ lo conviertieron en protagonista mediático de la eliminatoria entre ambos equipos. Y semanas después vivió la histórica victoria sobre el Real Madrid y la eliminación frente al Barcelona en cuartos de final, con el estadio Carlos Belmonte a rebosar. La temporada actual no ha comenzado con el mismo empuje de la pasada, y en la liga de Segunda el equipo ha sumado un único punto en siete jornadas. 

Has estado en la dirección deportiva del Albacete y en el cuadro técnico. ¿Qué cargo tienes actualmente en el club?

Hace dos años, cuando salí de Portugal y volví a Albacete, entré en dirección deportiva y estuve una temporada, la 24-25. En junio, cuando iba a empezar la temporada pasada, quedó una vacante en el staff del primer equipo como analista, es decir como asistente técnico del entrenador, y el club decidió ese cambio, viendo también mi perfil, al tener el UEFA Pro de entrenador. Ejercí esa función la temporada pasada y en ésta que acaba de comenzar. Así que estoy en el campo otra vez; lo de los despachos fue una temporada solo.

Es decir, formas parte del staff del técnico malagueño Alberto González...

Sí, sí, él está arrancando su cuarta temporada seguida aquí. Creo que ahora mismo es el entrenador más longevo en Segunda División, el que lleva más tiempo seguido dentro un mismo proyecto. Inicia su cuarta temporada en Albacete y yo es la segunda que estoy con él.

¿En qué faceta te sientes mejor, en los despachos ejerciendo como director técnico o conviviendo día a día en el césped con los jugadores del primer equipo?

A ver, si algo bueno tengo es que me adapto con facilidad. Soy bastante adaptable; he trabajado con muchos entrenadores. Pero es cierto que mi formación es más para los banquillos. Como he dicho tengo el UEFA Pro para entrenar, para la táctica, para el análisis, para el día a día. El año del despacho me encargué básicamente del filial, de hacer la plantilla del segundo equipo, y salió bien porque al final conseguimos jugar el playoff. La temporada pasada se le dio continuidad y el equipo ascendió. Es la primera vez en la historia que el filial juega en una categoría por encima de Tercera, y por fin lo hemos conseguido. Para mí aquel año fue una experiencia bonita y enriquecedora; no deja de ser fútbol, pero fue más de analizar, ver vídeos de jugadores y fichar, hablar con el entrenador sobre qué perfiles queríamos... Lo que estoy haciendo ahora es el análisis táctico de los rivales; análisis táctico de lo que el míster me pide de nuestro propio equipo, participando en las sesiones de entrenamiento. Es lo que he hecho durante 20 años de carrera de jugador y además encaja con mi formación... Y claro, te ves más cómodo en el césped que en el despacho. Pero ya  digo que yo me adapto a todo e intento aportar en lo que en este caso me pida el Albacete. Estoy contento y estoy estable, que no es poco en un mundo tan loco como éste.

El año pasado viviste en el banquillo un momento especial, con el Celta en la Copa del Rey. ¿Qué sentiste al enfrentarte a tu club de formación y con el que llegaste a jugar en Europa?

Sí, siempre es bueno recordar. En Balaídos y también en Riazor he vivido momentos especiales en los últimos años. En la temporada del famoso «Riazorazo» -el Albacete superó al Deportivo en el playoff de ascenso a Segunda División, con Fran Noguerol como segundo del técnico gallego Rubén de la Barrera-, la 2021-2022, que ascendimos en Riazor, yo estaba de asistente... Imagínate para mí lo que fue eso. Además, la semifinal de la fase de ascenso, de los playoffs de ascenso, fue en Vigo. La jugamos contra el Rayo Majadahonda en Balaídos. Ahí regresé a Vigo y la verdad es que fue muy bonito; pude visitar la nueva sede, el club se portó muy bien y en ese momento ya tuve un contacto. Desde el 2010 que me había ido, había jugado contra el Celta B un partido, siendo yo todavía jugador del Albacete, pero no había vuelto a Balaídos. Así que el contacto fue la eliminatoria Albacete-Majadahonda. Y luego vino lo del año pasado, con la Copa, que claro, fue más especial todavía, porque fue enfrentarte al Celta, al club donde has jugado y has podido llevar el brazalete de capitán unos cuantos partidos. Y aún encima con un ambientazo, pasando una eliminatoria muy emocionante, porque conseguimos empatar y mandar el partido a la prórroga prácticamente en la última acción, y pasar en los penaltis. Para nosotros eliminar a un equipo de Primera, con todo lo que vino después, fue muy especial. Estuve con Borja Oubiña, que llegó a ser compañero mío y es parte del staff de Claudio, con el doctor, utilleros y fisios que siguen de mi época... Todos muy cariñosos. Con la presidenta también estuve a pie de campo charlando... En fin, uno se siente querido después de tantos años. Y digamos que individualmente represento poco en la historia del Celta, pero que sí que me noto querido cuando voy allí. Me tocó vivir una época muy especial en el Celta, de Segunda División, de penurias económicas, de concurso de acreedores. Fue esa época de apostar por la cantera, y siendo yo canterano pero veterano, tengo muy buen recuerdo de aquellas temporadas. Ahí fue cuando surgió Iago Aspas y támbién Dani Abalo, Roberto Lago, Hugo Mallo... En esos dos últimos años míos empezaron a aparecer ellos. Todo ese giro yo creo que fundó casi un nuevo Celta, el de apostar por la cantera, por A Madroa y ahora por Afouteza. Quiero decir que el Celta ahora ha dado un salto sideral y a lo mejor todo nace en esos años de penuria, de necesidad, en los que aparecieron críos de abajo que demostraron que si se apuesta por el producto de casa ellos van a ser quienes rinden. Así que tengo muy grato recuerdo de esa época. Fue dura vivirla, porque no cumplíamos con la exigencia, de hecho el primer año casi bajamos y hubiese sido terrible descender a Segunda B, un poco como lo que le ha pasado al Dépor después... En el Celta se dio la aparición estelar de Aspas metiendo esos dos goles contra el Alavés, y ya al año siguiente el equipo empezó a crecer y a preparar el retorno a Primera. Ahora cada vez está más asentado, creciendo, con renovación del estadio, con ciudad deportiva... Es una pasada verlo ahora.

¿Cuántas temporadas jugaste en Primera División?

En Primera una solo, que fue la 2001-2002, la de la final de la Copa del Rey contra el Zaragoza en Sevilla. Tengo la medalla de subcampeón en casa. Tuve un peso digamos que pequeño en la plantilla. Disputé la Intertoto; por lesiones de compañeros tuve que jugar tres de los seis partidos, incluida la final. Eso nos dio paso a clasificarnos para la UEFA, en la que debuté contra el Estrella Roja, recuerdo, y después en la Liga disputé cuatro partidos. Pero claro, ahí había mucho nivel. Canteranos solo éramos Pablo Coira y yo en esa época, que no tiene nada que ver con lo de ahora. Pero éramos canteranos con dorsal de primer equipo, que eso era ya estar entre los 25 de dorsal y un milagro en esos años. Es para sentirse muy orgullosos. Fue un año que jugué muy poco, pero en el que aprendí muchísimo. Por lesiones entrenaba y participaba. Yo era el quinto central, pero siempre había dos lesionados, así que siempre entrenaba, hasta en los partidillos 10 contra 10. Entrené y entrené, contra jugadores de máximo nivel: Mostovoi, Karpin, Gustavo López, Catanha... Yo es que ese año mejoré muchísimo, muchísimo. Ganar el título de Copa hubiese sido la leche; una pena. Y a partir de ahí, pues bueno, me formé mucho, crecí mucho como jugador y empezó la etapa de cesiones en Segunda División, categoría en la que desarrollé el grueso de mi carrera.

Has jugado posiblemente en el mejor Celta de toda la historia...

Sí, ese Celta es de los mejores de la historia. Es cierto que dos años después, si no recuerdo mal, es el de la clasificación para Champions, que suena muy grande, pero este Celta del que hablo acabamos quintos o sextos en Liga, se jugaba Europa continuamente, jugaban al fútbol que era un escándalo. Es que había un equipazo: Giovanella, Gustavo López por izquierda, Karpin por derecha, Mostovoi, el delantero Catanha, en la época en la que era internacional con España, los laterales Velasco y Juanfran, que iban también con España, los centrales Cáceres, Đorović, Sergio... Es que el Celta tenía de las mejores plantillas de España. Y nosotros, tanto Pablo como yo, teníamos dorsal con esos animales. ¡Una maravilla, vamos! Y de los mejores Celta, seguro. Después han venido unos cuantos más, sobre todo el de Berizzo o el Celta actual, en el que aún por encima el entrenador y muchos jugadores son de la casa, lo que todavía reafirma y satisface más. Es cierto que el aficionado lo que quiere es ver ganar a su equipo y le da igual que el jugador sea de Colombia o de Albacete, pero si hay canteranos criados, eso identifica más y es lo que está pasando ahora en Vigo. Es una maravilla ver al Celta. Y cuando acaben el estadio, se va a quedar espectacular.

Después de esa temporada formando parte del histórico Celta de Víctor Fernández, ¿vino la de tu primer año en el Elche?

Sí, la siguiente temporada, que es la 2002-2003, me fui cedido al Elche y es la de mi debut en Segunda División, porque anteriormente había estado cedido en el Racing de Ferrol dos años. En el Racing de Ferrol ascendimos; también fue un ascenso histórico a Segunda División, tras el que pasé a formar parte de la primera plantilla del Celta, en ese año de Intertoto y demás. A continuación ya me voy cedido al Elche, y después el club me tiene todavía dos años más cedido en el Salamanca. Es que eran años complicados para los canteranos. Yo jugaba en Segunda División, vale, un paso más abajo, pero jugaba 40 partidos y haciendo buenas temporadas, pero aún así no te daban ni la opción de estar como cuarto central en la plantilla; es que era increíble. Yo creo que no vieron ni un partido mío en Segunda; estoy convencido. Hoy en día es impensable. Si tienes a un jugador cedido y juega 40 partidos en Segunda, ¿no te vale ni para ser el cuarto central? Bueno, era otra época. Con 27 años el Celta me tuvo cedido en Segunda, siendo un jugador contrastado en la categoría. En aquella época te tenían cedido por si dabas el pelotazo y venía un equipo dispuesto a pagar. Y claro, la consecuencia es que no me dejas crecer en casa ni confías en mí ni para ser tu quinto central, porque muchos años hacían cinco centrales... Era una cosa tremenda, en la que la apuesta por la cantera era nula. Y ahora ves esto y te da una envidia sana. Pero bueno, son las épocas que te tocan vivir. Ojalá a mí me hubiese tocado un Giráldez; una porque te enseña a jugar al fútbol y otra porque apuesta por la cantera. Yo siempre digo que si he desarrollado mi carrera en Segunda será porque tengo el nivel de Segunda, pero una mínima oportunidad yo creo que podía haber tenido. Bueno, son cosas que ahora no se dan. Los clubes se gestionaban de otra manera, mucho peor yo creo, con otros intereses, y nosotros éramos un cero a la izquierda.

En esas cesiones y en otras etapas, ¿cuántos ascensos viviste en total? ¿Los recuerdas todos?

Claro, eso no se olvida. Ascensos como jugador viví uno con el Celta B de Tercera a Segunda B con Maté: ese fue el primero. Hablo de la temporada 94-95. Después viví el del Racing de Ferrol en la 1999-2000, que fue de Segunda B a Segunda, y uno con el Albacete, en la 2013-2014, que fue también de Segunda B a Segunda y con Luis César Sampedro, nuestro paisano, aquí en el Albacete. Éste último fue un ascenso muy importante porque eran años de penuria económica en los que o se subía o el equipo desaparecía. Fue un ascenso muy bonito, igual que el del Racing de Ferrol, que llevaba años intentándolo, y lo conseguimos nosotros después de más de 20 años, así que la ciudad reventó. Como jugador me faltó quizás un ascenso a Primera, pero bueno... Nunca he descendido en Segunda División, pero nunca he conseguido tampoco dar el salto a Primera...

¿Y ascensos como entrenador?

Más que entrenador como ayudante. He sido primer entrenador en el filial del Albacete; el resto siempre he estado de asistente. En los banquillos he vivido el de Aira en la temporada 16-17; yo era su segundo y fue también de Segunda B a Segunda, aquí con el Albacete. Y el otro es el que ya he recordado con Rubén de la Barrera, en la 21-22.

En el Albacete tienen muchas oportunidades los entrenadores gallegos, ¿no serás tú el culpable?

No, no (risas), pero la verdad es que resulta curioso. Justo pensé ayer este dato; me vino a la cabeza. Y es que aquí han hecho una especie de mural en el túnel de vestuarios del estadio Carlos Belmonte, en el que salen destacados los entrenadores que han conseguido ascensos. Los más reseñables son Benito Floro y César Ferrando, porque subieron a Primera y son los únicos ascensos a la máxima categoría. Y después salen los ascensos a Segunda División: uno es con Luis César Sampedro, gallego; otro con Aira, gallego; y otro con Rubén de la Barrera, gallego. O sea, tres de los cuatro ascensos a Segunda han sido con entrenadores gallegos. El mundo del fútbol es tremendo y ofrece muchas curiosidades. Los gallegos tienen mucho peso en la historia del Albacete, con ascensos marcados en la historia y destacados en el museo del club.

Y hay otro gallego muy destacado, que eres tú, todo un referente en el Alba. No hay más que ver el cariño que te tiene la afición...

Sí, la gente me tiene aprecio de la etapa de futbolista y también ahora. Desde que me retiré llevo aquí 11 años, menos un periodo de año y medio en el que decidí salir con Rubén de la Barrera a probar un poco fuera. El resto lo he desarrollado en el Albacete. He estado en dirección deportiva, he sido entrenador del filial y he sido asistente en distintas etapas con varios entrenadores, por lo que llevo ya un recorrido largo. En activo he conseguido jugar muchos partidos; estoy en el top 10 de la historia del club y también a nivel de capitanías. Por eso, claro, la gente me tiene aprecio. Es una ciudad en la que noté que caí de pie desde el principio. Estoy muy contento, me siento útil y la relación es muy buena, muy cordial. Yo soy muy gallego, muy de Cea, pero Albacete es Albacete también para mí, es una ciudad muy importante en mi vida.

¿En total, cuántos años llevas asentado en Albacete?

En total son yo creo que llevo 19 años viviendo en Albacete, aunque no seguidos. Es con mucha diferencia la ciudad en la que más tiempo he vivido. Acabo de cumplir 50 años y la siguiente ciudad donde más tiempo he vivido, lejos de los 19 de Albacete, es Vigo con seis. Fíjate si habré dado vueltas en mi vida. Es que ya desde pequeñito mi padre, que en paz descanse, y que trabajaba en la banca, tuvo bastantes cambios de destino. Yo empecé en Cea, luego con cinco o seis años nos vinimos a Ourense para empezar el cole, en sexto de EGB ya nos fuimos para A Rúa, de donde volvimos a Ourense un año, yo después me fui a Vigo a la universidad y empecé a dar vueltas con el fútbol: Pontevedra, Ferrol, Elche, Salamanca, Girona... Entonces es que he estado dando vueltas toda mi vida. Me considero una persona estable, pero he dado muchas vueltas. La primera ciudad es Albacete, y la siguiente Vigo, casi con un tercio menos de años, o sea... Albacete cómo no va a ser importante para mí. Es la ciudad de mi vida, donde más he vivido con mucha diferencia.

Y el fútbol para Albacete es vida también. Es una provincia con nombres ilustres y mucha historia...

Sí, yo creo que todo el mundo recuerda todavía ese famoso «Queso Mecánico» y tiene ese componente que yo creo que engancha y le gusta a todo el mundo (ascensos consecutivos de un club modesto). Es de las primeras veces que el fútbol pone en el mapa a un lugar pequeño, que no sonaba demasiado, pero con un equipo que desde Segunda B aparece en Primera y acaba la Liga de séptimo, jugando muy bien, con Salazar, Catali, Conejo... Quiero decir que a partir de ahí la relación de la ciudad con el fútbol es muy especial, aún con años difíciles, los de los descensos y deudas económicas. En Segunda B en mi segunda etapa, que después conseguimos ascender, igual éramos 3.000 ó 4.000 abonados. Ahora mismo estamos en Segunda División y estamos tocando récord histórico de la entidad. Son 12.000; tampoco es una barbaridad, pero para una ciudad de 180.000, tener 12.000 abonados está muy bien, ya que es un porcentaje de población importante con respecto a otras ciudades. La ciudad está viviendo un momento muy bueno después de todo lo que pasó el año pasado con la Copa del Rey: eliminamos al Celta, viene el Madrid, eliminamos al Madrid y después recibes al Barça. Fue tremendo, con la ciudad volcadísima, y ahora mismo hay un sentimiento de pertenencia grande con respecto al Alba. Yo creo que LaLiga ahí lo está haciendo muy bien. Antes o eras del Madrid o del Barça. Y ahora ya no. Ahora ves niños con la camiseta de su equipo y eso está pasando en todas las ciudades, ya incluso en Primera RFEF y por supuesto en Primera y en Segunda. Hay un sentimiento de pertenencia a tu equipo y a tu ciudad. Y que viene el Madrid, pues muy bien, vale, sí, sí, porque es lo que vemos en la tele, pero al final lo que mueve aquí la economía, lo que mueve los partidos, y estamos hablando de 12.000 o de 13.000 personas cada 15 días, más los que vienen de fuera, es tu propio club. A nivel económico, te da visibilidad como marca y como ciudad, paseando el nombre por toda España... En este sentido LaLiga y los clubes lo están haciendo muy bien, y hay un sentimiento de pertenencia grande con el equipo. Y yo que he vivido épocas aquí que casi desaparecía el club, pues ahora valoro muchísimo cómo estamos socialmente.

El equipo no ha comenzado bien la liga de Segunda. ¿Qué expectativas os habéis marcado para esta temporada?

La Segunda es una categoría muy dura. Y estoy hablando en el contexto en el que en las siete primeras jornadas solo hemos conseguido un punto, pero sé que vamos a salir para adelante seguro. El tema es seguir estabilizándose y, si podemos, ir dando pasitos adelante. Estar en Segunda sin ser conformistas yo creo que es el mínimo y eso hay que luchar por no perderlo, porque por debajo de esto se nota mucho la diferencia. El salto económico de estar en Liga de Fútbol Profesional a no estarlo es grande. Nosotros eso es lo que queremos, no perderlo y a partir de ahí ir creciendo. Aquí compites con mil ciudades, muchas de ellas con mayor capacidad. Entonces no es fácil competir a nivel presupuestario, marca mucho por supuesto los que bajan de Primera y hay que tener calma: mantenernos y si un año hacemos las cosas muy bien y afinamos, pues tampoco renunciar a nada.

 Tú que la conoces bien, ¿por qué es tan desconcertante la Segunda División? Porque hacer un pronóstico de ascensos, casi siempre sale mal.

Sí, es compleja, la verdad es que no sabría decir bien el porqué; tiene que ser un cúmulo de circunstancias. Sí que es cierto en los equipos que bajan de Primera hablas de presupuestos de 30 millones de euros, frente a presupuestos de 7 millones de euros... Y claro, entonces dices: es que estamos hablando del triple o de cuatro veces más presupuesto. ¿Y eso al final en qué incide? Pues en los jugadores que puedes contratar. Los entrenadores y asistentes intentamos hacer todo lo posible, pero el fútbol es de los futbolistas. Alguien puede decir que no todo es el dinero  afortunadamente en Segunda División, pero aunque hay jugadores buenos, los buenos de verdad están en Primera. También hay niveles dentro de la Segunda, pero es segundo nivel. Los de nivel top están arriba. Abajo también hay diferencias por el dinero, pero yo creo que después no es una diferencia tan real en el nivel de los jugadores, que están más inflacionados que otra cosa, y por eso hay más igualdad en las plantillas. Además hay muy buenos entrenadores, tácticamente se trabaja muy bien, a veces incluso mejor que en Primera, que es un fútbol más alegre. Aquí es un fútbol trabado, bueno, va por rachas, pero en general la Segunda es fútbol trabado, fútbol de contención, de defensivamente trabajar muy bien y entonces por ahí se aprieta mucho la liga siempre.

Escuchándote uno se da cuenta de lo que pierde el fútbol gallego, de que hay talento en los que estáis fuera, aportando a otros clubes. ¿Os faltan oportunidades en Galicia?

Bueno, pero son circunstancias. No hablo por mí, porque no puedo decir que salí fuera porque en Galicia no me daban oportunidades. No, es que las circunstancias me han ido llevando y acabé en Albacete porque me retiré aquí, como capitán y ascendiendo. Entonces la gente te coge cariño y ahí el propio club me ofreció la opción de coger el filial, porque ya tenía el curso de entrenador. Así fue como decidí empezar aquí. Me viene a la cabeza que siendo todavía jugador del Girona, con 35 años, recibí una llamada de Miguel Torrecilla -cuando era director deportivo del Celta- para ofrecerme entrenar un equipo de base, creo que el juvenil de División de Honor. Sin embargo, aún me veía bien y yo quería seguir jugando. Me estaban dando la oportunidad, pero no era el momento. Una porque te asusta tomar la decisión de dejar de jugar y otra porque me sentía bien para continuar. Y de hecho, después volví a Albacete y jugué todavía cuatro temporadas más. Entonces, en mi caso no fue por falta de oportunidades, no. Fueron las circunstancias de la vida que me han traído a Albacete y aquí sigo. Me encuentro muy cómodo y muy estable, aunque sin renunciar a nada, porque en el mundo del fútbol no somos como los funcionarios, ni tenemos un trabajo fijo. Después de haber dado tantas vueltas como jugador, me apetece estar estable. En Albacete estoy encantado y la única pega es que estoy a 800 kilómetros de Cea (su pueblo de arraigo familiar, en la comarca ourensana de Carballiño). Albacete es una ciudad comodísima, pequeña y a la vez lo suficientemente grande, bien situada, cerca de Madrid, cerca de la zona de Alicante y Murcia, a una horita del mar... La gente es muy campechana, llana, divertida, callejera, sin el postureo de otros lugares. Como digo, la única pega son esos 800 kilómetros hasta casa, que me hacen subir muy poco y ver muy poco a los míos, pero ya me quieren así (risas).

En la cima A Martiñá  en Cea, Ourense

¿Cómo es el trabajo de analista y tercer entrenador en LaLiga Hypermotion? ¿Son muchas horas?

Sí, muchas horas, sí. Las herramientas han mejorado muchísimo y cada vez somos más en los staffs. LaLiga nos da datos, tenemos datos de lo que quieras, de cualquier jugador, vamos, al milímetro. Entonces yo que me dedico al análisis, sobre todo de rivales -tanto colectivo como individual-, podría estar trabajando las 24 horas del día, porque tengo información, tengo mil vídeos de los jugadores... Antes no había nada; ahora hay de todo, intentas filtrar y coges una rutina de trabajo y una manera de llegar al jugador en la que te vas organizando, pero ya digo que podrías echar las horas que quieras. Nosotros (el staff del Albacete) ahora estamos viniendo a la ciudad deportiva a las 8 de la mañana; tenemos una franja horaria para desayunar con los jugadores, y a partir de ahí nos vamos a la sesión de campo, que empieza normalmente de 10 a 11:30 o 12. Yo estoy con ellos en el campo y al acabar la sesión ya me meto en el despacho. Ahora, por ejemplo, les acabo de presentar el análisis colectivo del rival de esta semana. El míster me deja hacer esa presentación; él va apuntando sus cosas del plan de partido, pero me deja que los ponga yo, que al final soy quien más ve a los rivales. Y en esa parte me toca ya empezar el capítulo individual, es decir, hago el análisis individual de los jugadores del rival, sobre todo del frente ofensivo: mediapuntas, extremos y delanteros. Trabajamos con datos físicos puros y duros de velocidad, estatura, peso, y también con una descripción mía del perfil de jugador: dónde le gusta recibir, por dónde sale, qué características tiene, qué aporta en defensa y en ataque... Todo eso lleva tiempo, mucho tiempo, así que quiero no me aburro. Y además me gusta mucho este trabajo.

Es un día a día bastante exigente, pero estoy muy contento en esta faceta.

¿También ves partidos del rival de forma presencial o no es necesario?

No, el seguimiento se hace en vídeo. LaLiga con su programa te permite descargar, casi al momento de acabar, el partido del equipo que quieras; a los 15 minutos ya te los descarga, y aparte en cuatro cámaras. Yo uso la cámara táctica, que es el plano general, lo que nos permite estar viendo en todo momento a los 22 o 21 jugadores (uno de los porteros se pierde cuando el balón está en campo rival). Nosotros para el análisis colectivo usamos un plano global que se llama la cámara táctica y ahí es donde analizo a los rivales. Hago todo con vídeo y cuando el entrenador le da el visto bueno, se lo exponemos a los jugadores.

En las Lagunas de Ruidera, Albacete

Sólo me que queda por preguntarte un par de cuestiones más personales. ¿En qué épocas del año sacas tiempo para regresar a Galicia?

Regreso a Cea en verano y en Navidad. Yo digo que sigo teniendo vacaciones de futbolista, porque al ser parte de un equipo te vas de descanso al mismo tiempo que ellos. Cuando estás en dirección deportiva llevas otros ritmos. Pero este año, digamos, he tenido vacaciones como del primer equipo. He tenido el mes de junio entero, en Cea. Más allá de que haga un viaje o algo, me gusta ir a Cea a ver a mis sobrinos, a mis hermanos, a mi madre y a mis amigos, que están todos allí. Aunque en Albacete también tengo, cuando digo amigos te salen los de pequeño, los de siempre, los de donde están las raíces. Y después en Navidad, que tenemos un parón de una semana o de seis días, pues también me subo a Cea. Y son los dos ratos que llevo así desde que salí cedido al Elche por primera vez, cuando tenía 24 años. Así que llevo haciendo esto otros 26 años: regresando un mes en verano, o tres semanas, porque a veces programas algún viaje, pero bueno, mínimo tres semanas en verano y la semana de Navidad, sí o sí me voy a Cea. Por eso digo que ya me quieren de esa manera.

Y durante los meses más largos en Albacete, ¿en dónde te gusta desconectar?

Ahora por ejemplo igual vamos a tener dos días libres. Pero yo tengo que ir con el ordenador, claro, porque el analista siempre tiene algo que hacer también en los días libres. Al acabar con la presentación de un rival, ya tienes que estar pensando en el siguiente. Voy semana a semana; tengo que ver al siguiente rival entre el viernes y el lunes, porque el martes, como muy tarde , hay que tener el informe listo para el entrenador, para que confirme lo que yo he visto y para que añada sus cosas. Entonces, no puedo desconectar mucho. Pero si consigo hacerlo, tenemos la zona costera de Alicante a una hora y cuarto. Y la provincia de Albacete es increíble; cuando he traído amigos es que alucinan. Y lo mismo cuando vienen mis hermanos. Hay una zona de sierra a menos de una hora, y zonas de río alucinantes. Para mí desconectar es hacer deporte. Bici ahora no, porque me la he dejado en Cea, le metí caña y disfruté como un enano, así que aquí lo que hago mucho es pádel, y si no me voy al campo. A 50 minutos me voy a caminar, hay buenos pinares y zonas de río. Yo asocio la desconexión a naturaleza. Y estando en Cea, por supuesto...  los montes de allí arriba son una maravilla; eso es otro rollo. Muchas veces pienso: qué suerte tuve de poder dedicarme al deporte, de hacerlo profesión, porque es lo que me encanta. En el deporte es donde saco yo creo que lo mejor de mí mismo, y en la naturaleza también. Esos ratos los disfruto mucho, mucho.

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