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CARLOS Y PABLO RODRÍGUEZ GONZÁLEZ - ESTADOS UNIDOS

Jugadores ourensanos de tenis becados en Wagner College de Nueva York e integrantes del equipo de primera división (D-1) de la liga NCAA universitaria de Estados Unidos

 

“Es sorprendente que dos hermanos juguemos becados en la primera división de Estados Unidos de tenis universitario, y en el mismo equipo”

Texto: Javier de Francisco ©

De una ciudad sin gran tradición tenística, con déficit de instalaciones, sin apenas clubes y que hasta se ha permitido el “lujo” de perder un recinto con pistas cubiertas de tierra batida y de greenset (el Club Bamio) han emergido dos tenistas que destacan y sorprenden en el deporte universitario de Estados Unidos. De sol a sol, con jornadas interminables de entrenamiento y estudio, dos hermanos ourensanos, Carlos y Pablo Rodríguez González, desafían en Nueva York la lógica, la norma y los tópicos a golpe de raqueta. Están becados en la misma universidad, Wagner College, y son dos de los seis integrantes de este tradicional equipo de primera división (D-1) de la liga NCAA universitaria de Estados Unidos. “No sé si hay algún caso más. Que haya dos hermanos becados en Estados Unidos a la vez puede ser, pero ya que estén en la división más alta y que jueguen juntos en el mismo equipo es difícil”, explica Pablo. Su hermano mayor, Carlos, apostilla que “lo realmente complicado es coincidir y que el entrenador te quiera en una misma universidad, porque los equipos de tenis son relativamente pequeños y cuentan con un número limitado de becas; por eso es tan difícil coincidir dos hermanos juntos”.

Sin embargo, el trabajo, el talento, la autoconfianza, la disciplina y la mentalidad que sólo macera en los deportes individuales han llevado a los hermanos Rodríguez González del casi anecdótico tenis ourensano al gran espejo del deporte universitario de Estados Unidos. Pero antes del salto oceánico ha habido miles de horas de esfuerzo en las pistas de entrenamiento, cientos de viajes en autocaravana cuando sus padres se adelantaron a la moda de camperizar para ayudar a cumplir el sueño de sus hijos, y un sinfín de estancias en torneos con la raqueta en una mano y los libros o el cuaderno de apuntes en la otra. Siempre haciendo equilibrio. Y siempre con el objetivo da avanzar, de superar rondas, de escalar puestos y de madurar en la red y en la vida.

   

¿En dónde comenzasteis a jugar al tenis en Ourense, posiblemente la provincia gallega con peores infraestructuras para practicar este deporte?

    Carlos. Empezamos a jugar en el Bamio cuando yo tenía 7 años. Seguí jugando ahí hasta que cerró esa instalación. Entonces nos tuvimos que buscar la vida entrenando en Ourense, donde en efecto no tenemos las mejores instalaciones para entrenar a tenis. Estuve entrenando en algunas pistas que no están del todo bien para hacerlo a cierto nivel, y al cabo de unos años tuvimos que desplazarnos a Vigo para entrenar o hacer que viniesen los entrenadores aquí (a Ourense). Y así fue al principio, hasta que me llegó en segundo de Bachiller la oportunidad de optar a una beca deportiva de tenis en los Estados Unidos. Fue cuando fiché por la Universidad estatal de California, en Sacramento. En ella estuve dos años, entre 2019 y 2021, jugando y compitiendo hasta que vino el covid. En Estados Unidos cambié toda la manera en la que entrenaba, en la que estudiaba, la disciplina… Todo era bastante diferente. Cuando surgió el covid me detectaron un tumor en el hombro derecho, en el que tenía mucho dolor. Mis padres decidieron que lo mejor para mí era regresar a España, operarme ahí e intentar recuperarme para seguir jugando al tenis. Fue costoso; me llevó cierto tiempo desde la operación, entre rehabilitación y recuperación. Pero al cabo de un año conseguí tocar la raqueta otra vez y además logré llegar al nivel en el que estaba y optar a otra beca deportiva para irme a otra universidad de División 1, en San Luis, que se llama Lindenwood University. Dos años más tarde acabé ahí mi carrera universitaria. Es decir, estuve dos años en California, uno en España recuperándome y otros dos en San Luis, en Missouri. Fui número uno estos dos últimos años en mi universidad, y el parón del covid me permitió jugar un último año y fichar por una universidad privada de Nueva York, también de División 1 de la NCAA, con muy buen programa de estudios y de tenis. Venir a Wagner College también me permitió estudiar mi máster MBA en Finanzas en Nueva York. Y aquí sigo.

¿Entrenar en Vigo era viajando cada día desde Ourense o residiendo allí?

    Carlos. Pues depende. Al principio mi padre nos traía y nos llevaba la mayoría de las veces. Después, en ocasiones el club nos facilitaba una vivienda para dormir, pero generalmente íbamos y veníamos en el mismo día desde Ourense. Y al no tener carnet de conducir, mi padre era el que nos llevaba y nos traía. Además teníamos clase entre semana, así que había que regresar y todo era más complicado.

¿Tu titulación universitaria en Estados Unidos es en Empresariales?

    Carlos. En Estados Unidos las carreras son un poco diferentes. Es como Administración de Empresas traducido en Negocios y Economía; es una mezcla de ambas. Además tengo un énfasis en Marketing. Allí las carreras duran bastante, y por así decirlo no son sólo una única. Es como varias carreras mixtas. Ahora tengo que acabar mi máster MBA en Finanzas, que es de dos años y me queda uno, por eso acabo de regresar a Estados Unidos después de unas semanas en España.

Es decir, has tenido doble mérito como jugador D-1 de tenis universitario, por la pandemia y por tu operación…

    Carlos. No fue fácil para nada. Casi nadie contaba con que iba a volver a jugar al tenis de esta forma, pero al final se consiguió.

Y como has comentado, ha sido además a un nivel tan alto como antes…

    Carlos. Sí, ahora estoy jugando también en esta universidad (Wagner College) de número uno, en la división uno de la liga NCAA, y bastante bien, la verdad.

Y Pablo, ¿tus inicios en el tenis fueron similares a los de tu hermano Carlos?

    Pablo. Yo empecé a jugar al tenis porque veía a mi hermano y a mi padre jugar, en las pistas de Monterrei. Empecé a jugar en el Bamio cuando era muy pequeño, a los 4 ó 5 años, y luego mi trayectoria fue básicamente igual a la de Carlos cuando era pequeño. Empezamos a ir a Vigo; hubo un momento en el que era prácticamente a diario. En primero de Bachiller nos ofrecieron la oportunidad a seis chicos de mudarnos a Vigo a un club de alto rendimiento y entrenar todas las mañanas y tener dos clases o tres como mucho por la tarde. Así que ya era entrenar a diario. Lo hablé con mi familia y decidimos mudarnos a Vigo, por lo que estuve jugando y estudiando el Bachiller en Vigo. En segundo, ya en mi mente en ese momento, una vez que decidí el cambio de ciudad, tenía claro que el objetivo era intentar ir a Estados Unidos con una beca. Al acabar el colegio estuve jugando todo un verano torneos nacionales e internacionales para intentar conseguir el ranking necesario para poder irme a Estados Unidos. Y obtuve una beca en Southwestern College, una universidad de la liga NAIA de Kansas que es de las mejores de su conferencia. Una vez en Kansas, ese año con nuevo equipo y entrenadores, nos acomodamos muy bien y logramos quedar segundos de conferencia e ir a Nationals. Y claro, ir al nacional el primer año para un freshman era como acariciar oro, la verdad. Yo estaba con el oído puesto de que mi hermano se iba a transferir, que estaba intentando fichar por otro equipo, y a mí se me empezaron a abrir muy buenas oportunidades, porque no todo el mundo puede decir que fue a Nationals en Estados Unidos. Como yo también tenía muy buenas ofertas, lo hablamos con mi familia, y justo cuando mi hermano decidió irse a Nueva York, yo dije por qué no acabar jugando con él, que era nuestro sueño de pequeñitos: acabar juntos, jugar juntos. Empezamos a hablar con los entrenadores, llegamos a un acuerdo y los dos conseguimos una beca en Nueva York.

¿Sólo lleváis un año juntos en Nueva York?

    Pablo. Sí, llevamos juntos un año. La pasada temporada fue la primera que estuvimos juntos. Estamos en el mismo equipo y en la misma universidad.

¿Conocéis más casos de hermanos becados y compañeros en la misma universidad y en la máxima categoría del tenis universitario?

    Pablo. No sé si hay algún caso más. Que haya dos hermanos becados en Estados Unidos a la vez puede ser, pero ya que estén en la División más alta, D-1, y que jueguen juntos en el mismo equipo es muy difícil. En mi antigua conferencia conocí a unos franceses, pero no era División 1.

    Carlos. Yo había conocido a un americano, pero ya hace años, que su hermano también jugaba al tenis, aunque fueron a dos universidades diferentes y a divisiones también diferentes. Lo realmente complicado es coincidir y que el entrenador te quiera en una misma universidad, porque los equipos de tenis no son como equipos de fútbol americano, sino que son relativamente pequeños y cuentan con un número limitado de becas, por eso es tan difícil coincidir dos hermanos juntos.

¿Qué os dicen los entrenadores? ¿Están también sorprendidos de esta situación tan excepcional?

    Carlos. Sí, están muy sorprendidos, la verdad.

    Pablo. Están muy contentos con los dos. De hecho, dicen que trabajamos muy bien, que nos esforzamos una barbaridad y que se nota el trabajo.

Por ahora, ¿cuáles han sido vuestros mayores éxitos deportivos?

    Carlos. En el último torneo de conferencia, jugamos dobles e individuales, y en el partido de dobles decisivo yo con mi compañero conseguimos levantar un 4-1 abajo y darle a Wagner la victoria para pasar a semifinales de conferencia.

    Pablo. La más importante que tengo, sin duda alguna, es cuando fui a los nacionales con mi anterior equipo de la universidad (con Southwestern College).

¿Sólo jugáis el individual o también el dobles?

    Pablo. Hay miembros del equipo que sólo juegan individual o sólo dobles, pero en nuestro caso ambos jugamos dobles e individual.

    Carlos. Digamos que el equipo de tenis consta de seis titulares; son 6 partidos individuales y 3 de dobles, que se juegan a tiempo diferente. Entonces el entrenador puede elegir tanto los titulares para el individual, para dobles o usar jugadores para ambos.

El formato es del estilo de la Copa Davis…

    Carlos. Sí, es parecido al formato Copa Davis, pero con más jugadores.

¿Esta temporada cómo se presenta para vosotros? ¿Vais a continuar en D-1 en Nueva York?

    Carlos. La temporada pasada fue bastante bien, porque llegamos al top de conferencia y perdimos en semifinales. Hacía tiempo que nuestro equipo no llegaba tan lejos y estuvimos muy cerca de luchar por el anillo de la conferencia noroeste de Estados Unidos. Pero ahora yo ya no voy a poder jugar más al tenis universitario porque en Estados Unidos sólo puedes jugar ciertos años al deporte universitario, así que este año ya sólo voy a estudiar allí e intentar trabajar. Hasta ahora yo además de jugar y entrenar tenía un par de trabajos en la universidad, para aprovechar el estar allí y coger un poco de experiencia. En cuanto a la temporada que comienza para el equipo, el entrenador ha comentado que han hecho bastantes buenos fichajes y que quieren hacerlo mejor que el año pasado. Pablo seguirá jugando en el equipo.

    Pablo. Claro, porque al irse mi hermano y varios miembros del equipo se abren muchas puertas; tenemos más dinero, más becas, y entonces el entrenador lo va a usar para fichar jugadores como los que se acaban de ir y ya no están con nosotros. Sé que han fichado a cuatro o cinco, y que tienen todos muy buena pinta. Así que la temporada parece que se presenta mejor que la anterior y lo que vamos a intentar es pelear 100% por el anillo.

¿El tenis universitario es también por conferencias, verdad?

    Carlos. Sí, exacto. En el tenis universitario, y en los deportes universitarios en general, tenemos conferencias. Nosotros estamos en la noroeste de Estados Unidos. Después los ganadores de cada una se enfrentan en un torneo, así que básicamente es como la NBA.

Pablo, ¿a ti cuánto te queda en el deporte universitario de USA?

    Pablo. A mí queda un año. El que ahora empieza será mi tercer año, y después me quedará otro más.

Carlos, ¿a partir de ahora seguirás compitiendo por tu cuenta?

    Carlos. No sé. Lo había pensado con mis padres, el intentarlo, pero en el tenis a no ser que tengas una capacidad económica muy grande o ciertos patrocinadores es bastante difícil, sobre todo si regresas a España o si continúas en Estados Unidos. Porque son países en los que hay mucho nivel en los torneos ATP. Es difícil entrar en esas competiciones y llegar a los torneos grandes. Para llegar a ese nivel necesitas jugar torneos más pequeños, muy completos, que exigen viajar mucho, así que sinceramente me gusta mucho lo que estoy estudiando y me gustaría más vivir de lo que estoy estudiando ahora mismo que del tenis.

¿Pero sí que contemplas un futuro ejerciendo tu profesión en Estados Unidos?

    Carlos. Ese era mi plan, sí, quedarme aquí. Ya he recibido alguna oferta de trabajo, incluso antes de acabar el master, porque los atletas aquí somos muy queridos por el hecho de la disciplina y el trabajo. Pero no, al acabar este año me volveré a España, porque tengo a mi novia ahí; soy un chico muy familiar, así que seguramente me vuelva a España.

Pablo, ¿entonces esta temporada te ves con posibilidades de obtener el anillo de campeón universitario?

    Pablo. Sí, esta temporada sí que lo veo posible. De hecho he estado hablando con mi entrenador, porque también en verano seguimos en contacto, ya que aquí (en Galicia, durante las vacaciones) tenemos planes de trabajo y físico, para no parar en verano. Y sí que vemos posibilidades de competir bien contras las demás universidades.

¿Tú también piensas centrarte en tu carrera universitaria cuando termines esta experiencia en Nueva York o quieres explotar el tenis a tope?

    Pablo. Hay que tener en cuenta que desde pequeños llevamos trabajando mucho en el tenis. Este deporte es el que nos dio prácticamente de comer, nos dio estudios, nos dio todo... Pero claro, llega un momento en el que miras hacia atrás y dices, nos perdimos muchos cumpleaños, muchísimo tiempo con la familia, con mi abuela. Todo ese tiempo de la infancia que ya no vamos a poder recuperar. Tanto mi hermano como yo lo hemos pensado mucho y te das cuenta de que en el tenis si no estás en el top 100 ó 200 no te va a llegar para vivir bien. No descartamos seguir jugando, pero ya no vamos a llevar el ritmo de vida que estamos llevando hasta ahora, porque es muy complicado seguir así.

¿Cuántas horas diarias estuvisteis dedicando al tenis?

    Pablo. Depende del equipo. Yo cuando entrenaba en Vigo, lo que hacíamos era levantarnos a las 8 y volvíamos al centro de alto rendimiento sobre las 12.30 o las 13. Luego comíamos y teníamos un par de clases hasta las 15.30. Y luego ya era descansar. En la universidad también depende del equipo. En mi antiguo equipo entrenaba mucho más; de hecho nos levantábamos a las 6 de la mañana todos los días, pero en Wagner es diferente. Tuvimos suerte con el horario; se portaron muy bien. Nos solemos levantar sobre las 7 o las 7.30, para ir al gimnasio, hacemos allí una hora, los martes hacemos un día de condition, que es más físico.

    Carlos. Sí, es trabajo físico, rapidez, movimientos rápidos en pista, esprints, explosividad... No es tanto levantar pesas.

    Pablo. Y luego a la tarde, los horarios son de 13 a 16 horas.

    Carlos. Sí, tenemos entrenamiento de 1 a 4 de la tarde porque los universitarios que estudian su carrera tienen clase a la mañana, y algunos que estamos graduados pero cursamos un master tenemos clase de 6 a 10 de la noche. Por eso hay que buscar los horarios que le vengan mejor a todo el mundo.

    Pablo. Puedo explicar cómo funciona allí una semana normal de trabajo. Yo me levanto a las 7 AM. No desayuno aún. Como mucho nos tomamos un batido. Vamos al gimnasio. Después es cuando desayunamos y nos tomamos otro batido o lo que sea. Y luego voy a clase, de 10 a 12. Regreso a mi cuarto, cojo todo lo que necesito para el entrenamiento y me voy a entrenar a la una de la tarde y regreso a las cuatro. Hay días en los que ya no tengo clase hasta las 8, por lo que suelo ir al fisio, porque allí es cierto que todos los días prácticamente estamos en los fisios. Vamos por las tardes a recuperar o por cualquier dolor. Y luego, dependiendo del día, o tengo una clase a las 6 o ya tengo la tarde un poco despejada para descansar. Pero también está el estudio. Si no tengo ninguna actividad, sobre las 7 me pongo a estudiar. En lo referente a la semana, en mi antigua universidad jugábamos entre semana. En la actual lo hicieron de tal manera que lunes, martes, miércoles y jueves tenemos clase, y los viernes, sábados y domingos son para los partidos. Cuando viajamos a veces nos desplazamos ya los jueves. Algunos desplazamientos son de seis horas...

 

¿Es muy diferente el método de entrenamiento en el tenis universitario de Estados Unidos que en el tenis de formación en Galicia?

    Pablo. Sí, sobre todo en la parte física. De hecho tenemos muchas anécdotas, algunas escandalosas, como estar en la pista y tener al lado cubos para vomitar. Llegas a un extremo máximo de exigencia física. No es lo que ocurre en esta Universidad, que se centra más en la parte técnica, pero igualmente estás cerca del límite en la parte física. También tienes que controlar mucho lo que puedes comer y lo que no…

    Carlos. Sí, en Galicia la parte física la tocábamos, pero poco. Aquí se le da mucha importancia al gimnasio, al condition, a la explosividad, a levantar hierro. Quieren que estés fuerte y sano. También el entrenador te está recordando al acabar el entrenamiento que bebamos mucha agua, sobre todo antes de competir. Están muy metidos en todo lo que engloba el deporte, no sólo en la técnica sino en todo lo que implica el tenis.

Carlos, antes has comentado que las empresas americanas saben valorar la suma de formación, talento y deporte. ¿A qué se debe?

    Carlos. Sí, sí. En España no sé como irá, pero espero que vaya igual que aquí. En Estados Unidos así ven cómo es realmente la persona y la disciplina que ha llevado. Espero que también se valore eso en España. Pero aquí efectivamente cuando leen tu CV, ven que estudiaste, que tenías que ir al gimnasio a las mañanas, que luego tenías clases, que estudiabas, entrenabas y a la vez competías, o como yo en mi caso, que tenía dos trabajos cuando había un poco de tiempo libre... Comprueban que la persona es disciplinada y que va a hacer un buen trabajo para su empresa; eso aquí se valora mucho. Incluso se valora más que tener otra carrera, el que hayas sido atleta, haber jugado a cierto nivel y haberlo compaginado con los estudios.

¿Qué dos trabajos has tenido este año en Nueva York a la vez que estudiabas y competías a alto nivel?

    Carlos. He tenido varios. Este año, como tenía clases por la tarde, después del gimnasio y antes del entrenamiento trabajaba a la mañana en la universidad gestionando los presupuestos y las finanzas de la flota de vehículos, el mantenimiento de la universidad, todo lo relacionado con vehículos y movilidad, llevaba los presupuestos y también gestionaba la administración. Era un trabajo de lunes a viernes. Y los martes, que era el único día que tenía libre por la tarde, lo dedicaba a ser recepcionista en una residencia de estudiantes en mi universidad. Porque aunque fuera un trabajo pequeño, al ser un sueldo americano se remuneraba bastante bien y merecía la pena.

Hemos hablado mucho de vuestro esfuerzo personal, y poco de los sacrificios de vuestros padres. ¿Qué papel han tenido ellos en vuestra gran experiencia americana?

    Pablo. Ha sido enorme. Íbamos por toda España, jugábamos también torneos internacionales, y mi padre tuvo que coger una autocaravana y marcharse con nosotros entre semana. Nosotros con los libros y con todo para poder estudiar a la vez. Y mi madre igual.

    Carlos. El esfuerzo de los padres es tremendo en un deporte como el tenis, en el que no hay un bus de equipo que te lleva a los partidos. Tienes que ir de forma particular, por lo que supone un gran esfuerzo familiar.

Y encima viviendo en una esquina de España y de Europa…

    Pablo. Sí, de hecho teníamos que descartar algún torneo que estaba en la otra punta del país. Pero hay algunos que tienes que jugar sí o sí, para poder subir en el ránking, claro.

Ahora que en Galicia contamos con Jessica Bouzas destacando en torneos de grand slam, ¿se puede hablar de progresión y de buen momento del tenis gallego?

    Carlos. Como estamos en Estados Unidos hablo mucho con Jessica Bouzas, es bastante amiga mía, y de hecho pudimos estar sentados en su palco en el último US Open. Y espero que podamos hacerlo también en el US Open de este año. Del tenis de Galicia y del norte de España no se habla mucho, pero yo creo que está bastante bien de nivel. Sí que es cierto que en algunas provincias de Galicia se practica más que en otros lugares; en Ourense quizás no tiene tanta explosión como en Vigo y A Coruña, en donde se ve a bastante más gente con raquetas. Pero bueno, poco a poco espero que no se pierda lo bonito que tiene el tenis, por otros deportes como el pádel y el pickleball. El tenis es el que le dio referencia a todo eso y espero que no se pierda. Que la gente siga jugando y disfrutando de él.

Aparte de Jessica, ¿tenéis relación con otros jugadores del circuito?

    Carlos. Conozco al entrenador de Roberto Carballés y tengo relación con algunos amigos que están intentando ser profesionales, como Tomás Currás, que lo está intentando bastante fuerte. De los más famosos, con Jéssica Bouzas. Y también con Martín de la Puente, el chico de silla de ruedas que acaba de ganar Wimbledon en dobles; su hermano estuvo conmigo en mi universidad y es un buen amigo. Martín de la Puente es un fenómeno y un referente para todo el mundo.

Cuando regresáis a Ourense, ¿qué sensación os produce ver el completo abandono y deterioro del Club de Tenis Bamio?

    Carlos. Es triste que esté así. Lleva ya unos cuantos años así y cada vez va a peor. No voy mucho a Ourense, pero esperanza no tengo mucha en el futuro de esa instalación...

Está en estado ruinoso, y habiendo falta de infraestructuras en Ourense…

    Carlos. Es que era increíble tener unas pistas cubiertas de greenset, pistas cubiertas de tierra batida, pistas al aire libre, circuito de karts, gimnasio, incluso hotel. Era una instalación increíble, enorme y que daba mucho juego a una ciudad como Ourense. Ojalá que alguien lo coja y que vaya bien, pero yo no lo veo, la verdad.

Y mientras tanto, en la ciudad hay clases de tenis para niños en pistas descubiertas, que en días de lluvia serían mejores para el patinaje…

    Pablo. Sí, nosotros llegamos a tener que jugar en una carretera. Era “piedra batida”, así le llamábamos (risas). Era una pista en la que la pelota botaba una vez para cada lado, y teníamos como red un trozo de persiana. Era un espectáculo. Pero era lo que teníamos que hacer en aquel momento.

Pablo, creo que quieres finalizar esta entrevista tan familiar con una dedicatoria a tu abuela:

Pablo. La gente nos pregunta por qué volvemos a España en verano y por qué no nos quedamos en Estados Unidos, con todo lo que ofrece el país. Y una de las razones, tal y como comenté con mi hermano el día antes de coger el vuelo desde Nueva York, es porque queremos regresar para ver a nuestra abuela.

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