Europa
ALÉN ARIAS VÁZQUEZ - SUIZA

Ingeniero de Telecomunicaciones e ingeniero senior FPGA (Field-Programmable Gate Array) en el CERN de Ginebra, la Organización Europea para la Investigación Nuclear
“El CERN es una obra de ingeniería extraordinaria, con kilómetros y kilómetros de infraestructura perfectamente integrada, con imanes, sistemas de vacío y electrónica funcionando con una precisión increíble”
Texto: Javier de Francisco ©
“No me importaría en absoluto continuar en el CERN hasta jubilarme, porque es un entorno único para desarrollarse tanto a nivel profesional como personal”. Alén Arias, ingeniero ourensano de O Barco de Valdeorras, acredita nueve años de formación continua, investigación, aportaciones y experiencia profesional en el mayor acelerador de partículas del mundo, el Laboratorio Europeo de Física de Partículas Elementales. En una etapa inicial, de dos años de duración, ejerció como ingeniero electrónico para la medición de pérdidas en el anillo del acelerador de partículas y actualmente es Senior FPGA Engineer (ingeniero senior en diseño y desarrollo de circuitos digitales utilizando dispositivos de lógica programable). En medio tuvo una incursión en la industria aeroespacial, en la estructura de Satlantis, la tecnológica con sede en el Parque Científico de la Universidad del País Vasco. De nuevo en el CERN, forma parte de la sección de control del departamento de Beams y participa en un proyecto de código abierto orientado al desarrollo de soluciones de control y adquisición de datos.
Aunque resulta habitual la asociación entre física nuclear y guerras, Alén Arias no duda en asegurar que la actividad y la orientación de las investigaciones de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN) permanece invariable ante cualquier escenario de conflictos internacionales como los que sacuden actualmente Oriente Medio y Ucrania: “El CERN fue fundado bajo la premisa de que su trabajo nunca estaría destinado directa o indirectamente al sector militar o de defensa, y esa filosofía sigue vigente hoy en día. Por tanto, en cuanto a investigación, los objetivos y la orientación del trabajo no cambian por situaciones de alarma o conflictos en otras regiones... En lo que respecta a la ciencia y los proyectos, mantiene su enfoque en la física de partículas y la cooperación pacífica entre países”, explica el ingeniero valdeorrés.
Trabajar cada día en este atípico Laboratorio, un anillo de 28 kilómetros en el subsuelo fronterizo entre Suiza y Francia, sigue resultando sorprendente incluso después de varios años recorriendo la galería: “La primera vez que lo ves desde dentro impresiona realmente por su escala; es difícil hacerse una idea hasta que estás allí. He tenido la oportunidad de recorrer partes del túnel en bicicleta eléctrica, lo que te permite apreciar aún más sus dimensiones. Es, sin duda, una obra de ingeniería extraordinaria: kilómetros y kilómetros de infraestructura perfectamente integrada, con imanes, sistemas de vacío y electrónica funcionando con una precisión increíble. A la vez, tiene algo curioso, porque combina esa complejidad técnica con una sensación casi cotidiana cuando trabajas allí a diario. Y, aun así, resulta interesante pensar que en el futuro podría quedarse pequeño”, intuye Alén Arias.

Ajustando un rack en el que instala su proyecto, DI/OT antes de pasar unas pruebas de radiación
La vinculación laboral con el CERN suele durar dos o tres años, y tú cumplirás nueve años en junio en el referente mundial de la física de partículas. ¿Cómo has conseguido forjar ahí tu carrera profesional?
En realidad mi trayectoria no ha sido lineal. Estuve inicialmente dos años en el CERN y después decidí que lo mejor para mi desarrollo era dar el salto a la industria aeroespacial. Por eso volví a España, donde trabajé en Bilbao para Satlantis (empresa de tecnología espacial situada en el Parque Científico de la Universidad del País Vasco) hasta 2022. Más adelante surgió la oportunidad de regresar al CERN, en principio por un periodo de dos o tres años, pero aquí seguimos. Creo que haber podido consolidar mi carrera aquí es una combinación de varios factores: esfuerzo, hacer bien el trabajo y también una parte de suerte. En mi caso, fue clave caer en un buen grupo y en un proyecto interesante y de largo recorrido, porque al final eso es lo que te permite continuar y crecer profesionalmente dentro de un entorno como este.
¿Tu deseo es completar toda tu faceta investigadora, y tu vida laboral, en el CERN?
Es una pregunta difícil de responder. No me importaría en absoluto continuar en el CERN hasta jubilarme, la verdad, porque es un entorno único para desarrollarse tanto a nivel profesional como personal. Sin embargo, también soy consciente de la realidad: no es fácil conseguir un contrato permanente. El número de plazas es limitado y depende de muchos factores, como la duración de los proyectos, las necesidades del laboratorio o incluso que se liberen posiciones cuando otras personas se jubilan. Así que, aunque me gustaría seguir aquí a largo plazo, intento mantener una visión realista y estar abierto a distintas posibilidades.
¿En qué departamento y proyecto trabajas actualmente?¿Cuál crees que ha sido tu mayor aportación hasta el momento?
Actualmente trabajo en el departamento de Beams, dentro de la sección de control, donde me dedico al desarrollo de código para FPGAs. En concreto, formo parte del proyecto DI/OT, una iniciativa de código abierto orientada al desarrollo de soluciones de control y adquisición de datos. Mi contribución se centra principalmente en tres áreas: la validación del hardware, el desarrollo de firmware para FPGA y el soporte a los usuarios del sistema. Esto último es especialmente importante en un proyecto abierto, donde hay una comunidad activa que utiliza y adapta estas herramientas en distintos contextos. En cuanto a mi mayor aportación hasta el momento, destacaría haber contribuido a que el sistema sea robusto y fiable, tanto desde el punto de vista del hardware como del firmware, y haber ayudado a facilitar su uso por parte de otros equipos. Al final, más allá del desarrollo técnico, creo que aportar estabilidad y soporte a un proyecto que utilizan otras personas es uno de los impactos más relevantes.

Alén Arias durante una jornada de esquí en los Alpes, en Les Gets (Portes du Soleil)
¿Ha cambiado mucho tu trabajo y tu especialización desde tu llegada como ingeniero electrónico para la medición de pérdidas en el anillo del acelerador de partículas?
Realmente no ha cambiado tanto en esencia. Mi trabajo como ingeniero electrónico ha mantenido una base bastante similar, independientemente de la aplicación. Comencé en el CERN trabajando en los Beam Loss Monitors, centrado en la instrumentación para la medición de pérdidas de haz. Actualmente, mi trabajo está más orientado a la parte de control, que es un ámbito algo más transversal y aplicable a distintos sistemas. Ese cambio me ha permitido ampliar mi perfil, pasando de una aplicación más específica a un entorno más generalista dentro de la electrónica y los sistemas de control. Además, mi primera etapa en el CERN fue clave para adquirir experiencia y dar el salto posteriormente al sector aeroespacial, donde pude aplicar muchos de los conocimientos desarrollados aquí.
¿Cómo es desde dentro ese gigantesco túnel subterráneo de 28 kilómetros, bajo el subsuelo entre Suiza y Francia?
Gigantesco es una buena manera de empezar. La primera vez que lo ves desde dentro impresiona realmente por su escala; es difícil hacerse una idea hasta que estás allí. Incluso he tenido la oportunidad de recorrer partes del túnel en bicicleta eléctrica, lo que te permite apreciar aún más sus dimensiones. Es, sin duda, una obra de ingeniería extraordinaria: kilómetros y kilómetros de infraestructura perfectamente integrada, con imanes, sistemas de vacío y electrónica funcionando con una precisión increíble. A la vez, tiene algo curioso, porque combina esa complejidad técnica con una sensación casi cotidiana cuando trabajas allí a diario. Y, aun así, resulta interesante pensar que en el futuro podría quedarse pequeño. Si finalmente se construye el proyecto del Future Circular Collider (FCC), que tendría entre 90 y 100 kilómetros de circunferencia, este túnel pasaría a ser solo un paso más en la evolución de este tipo de infraestructuras.
¿En tu departamento trabajas con más gallegos? ¿Y dentro del CERN, coincides con muchos compañeros formados en Galicia?
Directamente en mi departamento no trabajo con otros gallegos. Sin embargo, dentro del CERN sí hay bastantes. De hecho, a algunos ya los conocía de antes, de mi etapa viviendo en Vigo, lo que hace que todo resulte un poco más cercano incluso en un entorno tan internacional. Además, tengo un par de amigos gallegos que también están aquí y que, curiosamente, son vecinos míos en Ginebra. Solemos quedar a menudo, por ejemplo para ir a comer juntos, y mantener ese vínculo más cercano, que siempre se agradece cuando estás trabajando fuera.

Con amigos en un reciente viaje a Praga
¿Te atrae más la Física Nuclear que la Ingeniería de Telecomunicaciones? ¿Es difícil conectar ambas especialidades?
Diría que mi perfil sigue estando más cerca de la Ingeniería de Telecomunicaciones. Mis conocimientos de física nuclear o de partículas son más bien limitados, aunque durante este tiempo en el CERN he ido aprendiendo y entendiendo sus fundamentos a un nivel más conceptual. En cuanto a la relación entre ambas especialidades, no es directa. Son campos bastante distintos en su base. Sin embargo, sí hay puntos de conexión interesantes. Por ejemplo, he aprendido bastante sobre los efectos de la radiación en la electrónica, que es un aspecto clave cuando trabajas en entornos como este. Así que, aunque no son disciplinas que se solapen de forma natural, en la práctica se pueden complementar bien, especialmente en contextos aplicados como el del CERN.
¿A día de hoy siguen entrando a trabajar en el CERN ingenieros de Teleco de Vigo o tu caso fue excepcional?
No me considero en absoluto un caso excepcional, ni mucho menos. Antes que yo ya ha habido gente de Galicia que ha llegado al CERN, y seguramente seguirá habiéndola. De hecho, hay bastantes personas que han pasado por la Universidade de Vigo trabajando aquí. En cuanto específicamente a ingenieros de Telecomunicaciones, no sabría decir si hay incorporaciones recientes, porque el CERN es una organización muy grande, con mucho movimiento de gente que entra y sale constantemente. Pero, en cualquier caso, sí es un camino totalmente posible para alguien con esa formación.
Situaciones de alarma y guerra como la que ahora se ha desatado en Irán y países del entorno, ¿cambian en algo la orientación de las investigaciones y el trabajo del CERN, como ocurre en otros sectores? ¿Ahí también tienen efectos?
Bueno, el CERN fue fundado bajo la premisa de que su trabajo nunca estaría destinado directa o indirectamente al sector militar o de defensa, y esa filosofía sigue vigente hoy en día. Por tanto, en cuanto a investigación, los objetivos y la orientación del trabajo no cambian por situaciones de alarma o conflictos en otras regiones. Claro que, como en cualquier institución internacional, los acontecimientos globales pueden afectar otros aspectos logísticos o administrativos, pero en lo que respecta a la ciencia y los proyectos, el CERN mantiene su enfoque en la física de partículas y la cooperación pacífica entre países.

En plena jornada de trabajo en su oficina en el prestigioso CERN de Ginebra
En el plano más personal, ¿sigues viviendo en Francia, como cuando llegaste? ¿En qué localidad?
En mi primera etapa en la zona vivía en Prevessin-Moens, Francia. Ahora llevo ya cuatro años viviendo en Ginebra y mi intención es seguir aquí mientras continúe en el CERN. A largo plazo, si finalmente no continúo en el CERN, mi plan sería mudarme hacia Zúrich, donde también hay muchas oportunidades profesionales y calidad de vida.
Para desconectar del trabajo, ¿qué aficiones te gusta practicar? ¿Cuáles son tus lugares especiales y preferidos?
Soy bastante activo y me gusta mantenerme en movimiento. Sigo jugando al fútbol aquí en Ginebra, además de practicar tenis e ir al gimnasio o a la piscina. Y cuando llega el invierno, aprovecho para esquiar un poco y desconectar. Lo mejor de Ginebra es la gran comunidad de gallegos que hay por aquí. Siempre se encuentra alguien con quien ir a comer un buen pulpo a la gallega, así que, entre eso y las risas con amigos, no se echa tanto de menos Galicia. Es casi como tener un poco de Galicia contigo.

Saliendo de comprar pan en las pasadas Navidades, en su villa natal de O Barco de Valdeorras
¿Y consigues hacer escapadas a Galicia con frecuencia? ¿La comarca de Valdeorras sigue muy presente en tu vida?
Bueno, con frecuencia diría que no; normalmente vuelvo a Galicia unas cuatro veces al año, más o menos. A Valdeorras voy todavía menos, y sinceramente, esto tiene mucho que ver con la falta de infraestructura y transporte en la zona. Cada vez es más complicado llegar en tren o en autobús, y los pocos servicios que quedan implican varias horas de viaje. Esto hace que, aunque quieras volver con regularidad, organizar el viaje sea una tarea complicada y agotadora. Creo que es una lástima, porque Valdeorras y otras zonas del interior de Galicia tienen muchísimo que ofrecer, tanto en cultura como en paisaje, pero la carencia de conexiones eficaces acaba limitando las visitas y, en cierto modo, hace que se sienta más lejos de lo que realmente está. Es algo que se nota especialmente cuando vienes desde el extranjero y quieres aprovechar al máximo tus estancias en casa: la infraestructura no acompaña y obliga a planificar con mucha antelación.

El último posado antes de salir con su pareja para asistir a una boda en Ginebra

























